Artemis II volvió a la Tierra tras un viaje histórico alrededor de la Luna. Sin embargo, para muchas personas, esto nunca ocurrió. En redes sociales circularon mensajes que calificaban la misión como un montaje, poniendo en duda incluso las transmisiones e imágenes oficiales. Lejos de ser casos aislados o anecdóticos, esto es una señal de alerta.
La dificultad de la ciudadanía para creer en un evento como Artemis II no se explica por falta de información o por ignorancia. De hecho, desde la investigación en psicología cognitiva, sociología del conocimiento y didáctica de las ciencias, el negacionismo se puede entender como un fenómeno multicausal y complejo.
Una parte de la ciudadanía ha desarrollado una desconfianza estructural hacia gobiernos y agencias espaciales como la NASA y la figura que juegan los expertos o tomadores de decisiones. Estudios como Edelman Trust Barometer (2024) muestran que, aunque la ciencia sigue considerándose como algo confiable, existe una caída sostenida en la confianza hacia instituciones que comunican ese conocimiento. Cuando la fuente pierde legitimidad, la evidencia pierde fuerza persuasiva.
En Chile, la III Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en Chile, presentada en 2023 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, reveló una evolución positiva en la valoración ciudadana sobre el aporte del conocimiento científico para el país.
El 74.2% de los encuestados consideró que la ciencia y la tecnología han sido un aporte al desarrollo de Chile en los últimos años. Sin embargo, persisten confusiones en conocimientos científicos básicos y existe una baja comprensión de cómo funciona la ciencia. Y esta brecha importa porque limita la capacidad de distinguir evidencia de opinión y de enfrentar la desinformación.
En este escenario, cabe cuestionar la parte de responsabilidad que tiene mantener un sistema de educación científica que históricamente ha privilegiado el aprendizaje de leyes, teorías y definiciones, por sobre los procesos mediante los cuales ese conocimiento se construye, se valida y se debate.
No basta con formar personas que “saben ciencia”, sino que necesitan comprenderla como práctica social, argumentativa y basada en evidencia para una real alfabetización científica crítica y de calidad. En esa línea, el informe Science Education in an Age of Misinformation (Osborne et. al, 2022) advierte que enseñar contenidos sin abordar la naturaleza de la ciencia limita seriamente la capacidad de la ciudadanía para enfrentar la desinformación.
Por otra parte, desde la psicología algunas investigaciones como las de Dan Kahan (2015) señalan que las personas no procesan la evidencia de manera neutral, sino que la filtran según sus creencias previas e identidad cultural. Aceptar Artemis II no es solo aceptar un hecho técnico; para algunos implica validar instituciones o visiones del mundo con las que ya están en desacuerdo.
Lo mismo se explica con el sesgo de confirmación, que es la tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirma creencias previas, ignorando la que las contradice. En el caso de Artemis II, una persona que “sospecha” de la misión, tenderá a consumir contenido que “demuestre” que la misión es falsa.
También podemos identificar el sesgo de sospecha por simplicidad, según el cual si las personas perciben que una explicación científica es “demasiado simple” para un fenómeno complejo, se abre espacio para explicaciones conspirativas más elaboradas. Finalmente, el conocido Efecto Dunning-Kruger también encuentra cabida en este caso (Kruger & Dunning, 1999). Las personas con menor conocimiento en un área tienden a sobreestimar su comprensión, y esto explicaría por qué alguien puede sentirse competente para cuestionar fenómenos altamente complejos (como una misión espacial) con argumentos simplistas.
Sin duda, las redes sociales amplifican contenidos emocionalmente atractivos, como las teorías conspirativas, por sobre las explicaciones complejas. Es sabido que la desinformación puede difundirse más rápido que la evidencia científica (Vosoughi et al., 2018).
Es así como Artemis II parece reunir muchas características que lo hacen especialmente vulnerable a la sospecha. Es un evento altamente tecnológico, difícil de verificar desde la experiencia cotidiana, y está asociado a grandes instituciones que ya son objeto de desconfianza. A esto se suman narrativas de debates previos, como el negacionismo del alunizaje del Apollo 11, que funcionan como marcos para reinterpretar estos hechos.
Lo que vemos, entonces, no es solo desinformación. Es una fractura en la forma en que la sociedad se relaciona con el conocimiento científico. Desde la didáctica de las ciencias, este escenario plantea un desafío urgente. No basta con enseñar contenidos, es necesario formar ciudadanos capaces de comprender cómo se construye la evidencia, cómo se validan los datos y cómo distinguir entre escepticismo informado y negacionismo. Pensar críticamente no es dudar de todo, sino saber cuándo confiar y en qué condiciones.
El negacionismo frente a la misión Artemis II no es un problema menor. Es síntoma de una combinación de desconfianza social, la falta de alfabetización científica crítica, y un entorno informativo adverso.
Por eso, combatirlo no pasa solo por entregar más datos o hacer más divulgación, sino por fortalecer una educación científica que enseñe a pensar con evidencia, y que promueva el conocimiento acerca de la ciencia y sus métodos. Hace falta discusión sobre qué ciencia estamos enseñando, cómo la estamos enseñando y, sobre todo, en cómo estamos promoviendo que las personas aprendan a pensar críticamente.
Referencias
Kahan, D. M. (2015). The politically motivated reasoning paradigm. Emerging Trends in Social & Behavioral Sciences, Forthcoming.
Kruger, J., & Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: how difficulties in recognizing one's own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of personality and social psychology, 77(6), 1121.
Osborne, J., Pimentel, D., Alberts, B., Allchin, D., Barzilai, S., Bergstrom, C., Coffey, J., Donovan, B., Kivinen, K., Kozyreva. A., & Wineburg, S. (2022). Science Education in an Age of Misinformation. Stanford University, Stanford, CA.
Vosoughi, S., Roy, D., & Aral, S. (2018). The spread of true and false news online. science, 359(6380), 1146-1151.
