Se acerca el proceso de admisión a las universidades 2026, y con ello la posibilidad de tomar decisiones que marcarán el rumbo de muchas vidas. A esa joven que está leyendo esto, a quien le brillan los ojos cuando resuelve un problema o se asombra con las leyes del universo, le quiero decir: ¡atrévete!. Atrévete a elegir una carrera STEM (ciencia, tecnología, ingeniería o matemática). Atrévete a romper con lo esperado, con los estereotipos, con lo que parece seguro pero no te apasiona.
Porque sí, aunque las mujeres representan hoy el 52,6% de la matrícula de primer año en pregrado en Chile, aún persisten grandes brechas en áreas como tecnología (-61,3 puntos porcentuales) y ciencias básicas (-7,8 p.p.). Las mujeres aprueban más asignaturas, se titulan más rápido y con mejores tasas de retención, y sin embargo siguen siendo minoría en estas disciplinas que tanto necesitan diversidad de miradas, enfoques y talentos. Necesitamos más mujeres en laboratorios, en innovación tecnológica, en investigación científica. Y también (y quizás con urgencia) en las salas de clases.
Muchas veces se nos empuja a pensar en carreras STEM como sinónimo de ingeniería o ciencia aplicada, pero también existe una puerta poderosa de entrada a estas áreas: la pedagogía.
Estudiar pedagogía en matemática, física, biología, ciencias naturales o química es un acto de amor y transformación, pues debemos enseñar STEM desde la primera infancia. Es abrazar el desafío de enseñar lo que muchos temen, de contagiar asombro y de romper barreras desde la infancia. Es acompañar a estudiantes que quizás no creen en sí mismos y ayudarles a descubrir su talento oculto. Es cambiar vidas. Es cambiar al mundo.
Elegí ser profesora de matemática y computación y lo volvería a hacer mil veces. Pero también estudie primero Ingeniería, pensando que ese era el “mejor camino”. Fui profesora jefe muchas veces, y en tres ocasiones acompañé a mis estudiantes hasta su cuarto medio. Sé lo que significa esta etapa. Sé lo que sienten ahora. La ansiedad. Las dudas. El vértigo de elegir.
Y quiero decirles algo muy importante: esta prueba es solo eso, una prueba más. No define todo lo que son. No mide su sensibilidad, ni su capacidad de liderazgo, ni su amor por la música, por el arte, por los deportes, por la vida. No mide el esfuerzo que han puesto, las noches sin dormir, ni lo valientes que han sido al llegar hasta aquí.
No tengan miedo a soñar. A transformar esos sueños en metas. A trabajar por ellas con fuerza, con pasión. Porque se puede. Los sueños se cumplen. A veces no como los imaginamos, a veces tardan, a veces duelen… pero se cumplen.
Entre el 5 y el 8 de enero es el momento de postular. Y si alguna parte de ti vibra con el conocimiento, con enseñar, con dejar huella, considera esta opción. No dejes que el miedo decida por ti.
