Click acá para ir directamente al contenido

Noticias

"200 lucas, voy y me la gano en media hora": Estudio en cárceles chilenas revela que delincuentes lo ven como un oficio

Investigación realizada por la Universidad de Santiago, entrevistó a 387 personas privadas de libertad en diez cárceles de Chile. Los testimonios de los condenados revelan que muchos consideran la actividad delictiva como una manera de obtener recursos, alcanzar un determinado estatus y una oportunidad para construir una identidad.

  • Comparte
  • Disminuir tamaño de letra
  • Aumentar tamaño de letra
  • Pablo Mora

  • Jueves 8 de octubre de 2026 - 17:48

  • Agencia Uno

Conocen el riesgo de volver a la cárcel. Algunos han perdido años de libertad y también vínculos familiares. Sin embargo, el delito sigue representando una fuente de ingresos y una forma de vida. ¿Qué factores sostienen esa elección y cuáles podrían modificarla?

Una investigación liderada por el Dr. Mauricio Olavarría Gambi, académico del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago de Chile, examina estas preguntas a partir de testimonios brindados por las propias personas encarceladas. Las respuestas revelan que muchos desarrollan una identidad delictual, consideran la actividad delictiva como un verdadero oficio, es decir, como una manera válida de obtener recursos, alcanzar un determinado estatus.

“La motivación es obtener los medios de vida que su educación y sus habilidades laborales no les permiten alcanzar. Ese incentivo está asociado a una identidad y a una racionalidad delictual, es decir, ellos se reconocen como delincuentes, viven de eso y evalúan los riesgos y las penas a las que se exponen”, explica el investigador del Departamento de Estudios Políticos Usach.

Publicado en la Revista Científica General José María Córdova, el artículo titulado “La delincuencia según delincuentes: testimonios de penados reincidentes en cárceles chilenas”, analizó entrevistas a 387 personas, 352 hombres y 35 mujeres, condenadas por diversos delitos en diez cárceles de Arica, Alto Hospicio, Antofagasta, Concepción y Santiago. Las entrevistas se realizaron entre octubre y diciembre de 2022, en momentos en que los participantes estaban próximos a cumplir sus condenas.

El trabajo forma parte de un proyecto Fondecyt dedicado a estudiar los factores asociados a la reincidencia. Para este artículo se combinaron la clasificación cuantitativa de respuestas y el análisis cualitativo de los relatos, con el propósito de comprender cómo los participantes interpretan su conducta delictual.

CONSUMO, PODER Y RECONOCIMIENTO

“Yo siempre he delinquido, siempre he andado robando y he comido y me he vestido de eso”, señala uno de los condenados entrevistados para el artículo. Y otro agrega: “Yo aparte no trabajaría un mes completo para ganarme 200 lucas, primero que todo. 200 lucas, voy y me la gano en media hora, cachái”.


Las declaraciones revelan la importancia del delito como fuente de ingresos y, por tanto, como parte de la vida cotidiana de los entrevistados. De hecho, de acuerdo al estudio, el 94,57 % de los participantes declaró que sus ingresos provenían del delito.

“Los relatos describen el uso de esos recursos para sostener a la familia, adquirir bienes y financiar actividades recreativas. También aparecen aspiraciones de consumo, poder y reconocimiento en su entorno”, explica el Dr. Olavarría.

Lo anterior además concuerda con el alto porcentaje de entrevistados que nunca había trabajado o había tenido empleos inestables, alcanzando un 91,21 %. Algunos de ellos comparan los bajos ingresos que podrían obtener de un trabajo formal con los que atribuyen al delito. Otros manifestaron rechazar los horarios del mundo laboral y la subordinación a un empleador.

“Dada su educación y las habilidades laborales que tienen, es muy difícil para ellos obtener un trabajo formal que les reporte el nivel de ingresos que quieren obtener”, explica el académico.

A pesar de lo anterior, el 41,60 % manifestó disposición a trabajar lícitamente, lo cual abre la interrogante respecto de las condiciones necesarias para que esa intención pueda convertirse en una realidad sostenible en el largo plazo y que reemplace la actividad delictiva.

LAS PENAS ENTRAN EN EL CÁLCULO

“Cuando era más joven, yo llegaba y abría cualquier puerta, y muchas veces me encontraba con personas adentro, y las teníamos que amarrar después, ¿me entiende? Entonces, ya después empecé a recapacitar un poco en eso; entonces ya no iba a cualquier lado”, explica unos de los reos entrevistados respecto de la planificación de los delitos.

De esta forma, el estudio identifica las capacidades de planificación y aprendizaje de quienes cometen delitos. Algunos participantes describen cómo recogen información, seleccionan las oportunidades y toman precauciones para reducir el riesgo de ser detenidos.

“Hay una racionalidad importante en el blanco que eligen para delinquir, pero también en cómo organizan al grupo o banda. El dinero que se espera obtener se considera junto con las posibilidades de ser sorprendido, sufrir lesiones e incluso a la las posibles penas que se exponen”. señala el Dr, Olavarría.

Ese cálculo puede producir respuestas distintas, explica el investigador. “En algunos testimonios, la consideración de las sanciones lleva a cambiar de actividad sin necesariamente abandonar el delito”, acota.

“Si no decides cambiar tu vida, tienes que cambiar de delito no más”, afirma al respecto un participante entrevistado en el estudio.

COSTOS PROPIOS Y DAÑO A VÍCTIMAS

Para el investigador, las consecuencias de la condena también pueden adquirir mayor peso después de años en prisión. El estudio revela que algunas personas entrevistadas sienten que han perdido demasiado: relaciones de pareja, contacto con sus hijos y tiempo de vida.

“Ya llevan mucho tiempo en la cárcel y sienten que han perdido mucho. No han visto crecer a sus hijos y ya no tienen vínculo con ellos. Quieren pasar el resto de su tiempo más tranquilos”, sostiene el Dr. Mauricio Olavarría.

Lo anterior sin embargo, no implica que los condenados reconozcan en muchos casos el daño causado por sus acciones delictivas. En el estudio, el 64,08 % fue clasificado como participantes que no reconocen el daño provocado a la víctima, mientras que solo el 34,37% sí identificó efectos sobre ella.

“Ellos ven el daño en sí mismos, pero no ven el daño que han cometido a la otra persona. Tienden a minimizar el daño que han provocado, con argumentos que suponen que una víctima con recursos económicos puede reemplazar lo perdido, o considerar que no hubo daño porque no se produjeron lesiones físicas”, explica el investigador.

“¿De las víctimas? Chuta […], normalmente yo no pienso nada de ellos [ríe], que pienso en puro robarles las cosas de valor nomas, dinero, especies. No hay remordimiento […]. Los que tienen plata tienen el ingreso más fácil”, afirma al respecto uno de los entrevistados del estudio.

ABANDONAR EL DELITO

De acuerdo al estudio, los años en prisión y la pérdida de vínculos familiares podrían impulsar el deseo de cambiar. Sin embargo, al salir de la cárcel, las dificultades para encontrar empleo y el reencuentro con antiguos compañeros de delito podrían obstaculizar ese propósito.

El Dr. Mauricio Olavarría destaca que para una reinserción exitosa el apoyo familiar y las oportunidades laborales, acompañadas de atención psicosocial, son factores clave. “Un empleo público post carcelario, más intervenciones psicosociales a ellos y a sus familias, podría ayudar mucho en el desistimiento”, afirma.

“Estas medidas deben articularse con la prevención social, el control del delito y la efectividad de la justicia, de modo que la intención de cambiar encuentre condiciones concretas para sostenerse”, finaliza el investigador.

Te puede interesar