Este viernes se cumplen dos años de las intoxicaciones masivas en Quintero y Puchuncaví, provocadas por una “nube tóxica” que afectaron a más de 1.300 personas, principalmente niños y niñas, en la denominada “zona de sacrificio”.
Ayer, la Superintendencia del Medio Ambiente inauguró un centro de toma de muestras para gases derivados de hidrocarburos, en la municipalidad de Puchuncaví, mientras el proceso judicial para dar con los responsables sigue en curso.
Al respecto, el investigador de Fundación Terram, señaló que “no conocemos todavía qué contaminantes fueron los que generaron las intoxicaciones o qué empresas los emitieron (...) Aún no sabemos cuando puede ser superado y cuando se puede repetir”.
Ramírez explicó que la Corte Suprema, en su fallo el año pasado, instruyó a la autoridad sanitaria a monitorear la situación de salud de la comunidad y buscar su relación con la contaminación industrial. “Eso todavía está pendiente”, aclaró.
El experto señaló que se trata de “una zona abandonada por el Estado, donde hay más pobreza que el promedio nacional, lo que indica el bajo impacto que han tenido las empresas”, a partir de la creación del Complejo Industrial Ventanas en la década del ‘60.
“Estos contaminantes van a estar ahí por décadas, incluso siglos. No se van a evaporar del suelo”, advirtió.
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