Los obreros trabajaban en la remodelación del principal templo católico del país cuando se encontraron con dos sarcófagos de aspecto antiguo. Pilar Rivas Hurtado, la arqueóloga que supervisaba la obra, activó los protocolos y tras una delicada operación se procedió a abrirlos. Un cuerpo estaba vestido de militar y otro de civil, y las pruebas realizadas con posterioridad concluyeron que se trataba de Diego Portales Palazuelos, el otro, José Tomás Ovalle.