La sífilis alcanzó durante 2025 su nivel histórico más alto en Chile, con 11.155 diagnósticos, según un informe del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud (Minsal).
Uno de los incrementos más relevantes se concentra en las personas de 60 años y más. Entre las mujeres de este grupo, la tasa de notificación se duplicó entre 2021 y 2025, pasando de 14,4 a 28,8 casos por cada 100 mil mujeres.
En los hombres también se observa un aumento sostenido: los casos pasaron de 419 en 2021 a 909 en 2025, alcanzando una tasa de 50,8 diagnósticos por cada 100 mil hombres.
Para la infectóloga y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, Dra. Francisca Morales, el fenómeno responde a múltiples factores, entre ellos cambios en las conductas sexuales y una menor percepción de riesgo frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS).
“Muchas veces nos ha pasado que toda la educación o todas las campañas se han hecho focalizados a ciertos grupos de riesgo, pero en realidad la sífilis y otras infecciones de transmisión sexual nos recuerdan que esto afecta a cualquier persona que tenga relaciones sexuales, independiente de su edad, de su orientación sexual, del estado civil”, comenta la profesional a Diario Usach.
Morales señala que el uso inconsistente del preservativo y las nuevas formas de establecer vínculos y parejas sexuales también forman parte de este escenario. A su juicio, uno de los desafíos es superar la idea de que las ITS afectan únicamente a determinados grupos.
LA SEXUALIDAD DE LAS PERSONAS MAYORES
El aumento de los casos entre adultos mayores también plantea un desafío en materia de prevención y diagnóstico. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género (ENSSEX) 2022-2023, solo el 10,4% de los hombres y el 8,6% de las mujeres de 60 años o más declaró haber utilizado preservativo durante el último año.
Para Morales, una de las razones que explican esta situación es que la sexualidad de las personas mayores continúa siendo poco visibilizada. “En el caso de este grupo, obviamente nos muestra que las personas mayores continúan teniendo vías sexuales y muchas veces la gente no lo piensa”, sostiene.
La especialista advierte que esta falta de consideración también puede trasladarse a las consultas médicas. Una persona mayor puede acudir al sistema de salud por determinadas lesiones o síntomas, pero no necesariamente se le realizan exámenes para detectar ITS.
“Pocas veces se les pide un examen de VIH, un examen de sífilis, de hepatitis, entonces este es un recordatorio de que las personas que tengan actividad sexual tienen riesgo de este tipo de infecciones”, plantea.
A esto se suma que el preservativo suele perder protagonismo en esta etapa de la vida debido, entre otros factores, a que ya no existe la misma preocupación por un embarazo.
“Al tener esta falta de percepción de riesgo, obviamente cualquier infección de transmisión sexual puede estar más susceptible a aparecer”, señala.
Para la académica, esta situación también está relacionada con la invisibilización de la sexualidad durante la vejez. “Cuando una persona piensa que esto no me va a pasar a mí, no se va a estudiar, no se va a chequear, no le va a tomar importancia y no va a tener este autocuidado necesario para prevenir este tipo de infecciones”, afirma.
Por ello, sostiene que las estrategias de prevención deben considerar a las personas mayores como parte activa de la población sexualmente activa: “Si una persona tiene vida sexual, la prevención de las infecciones de transmisión sexual sigue siendo pertinente, tenga la edad que tenga”.
LA IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO TEMPRANO
A pesar de sus posibles consecuencias, la sífilis es una infección curable mediante antibióticos. La penicilina es el tratamiento de elección y su administración depende de la etapa en que se encuentre la enfermedad.
Por ello, la especialista recomienda no limitar los controles a la aparición de síntomas. “Si uno tiene relaciones sexuales, tiene parejas sexuales nuevas o simplemente parte del chequeo anual es hacerse exámenes de VIH, de sífilis y de las otras infecciones de transmisión sexual”, plantea.
En un escenario en que los diagnósticos alcanzaron su máximo histórico y los casos aumentan entre personas mayores, la especialista subraya que la prevención debe dejar de asociarse exclusivamente a determinados grupos y considerar la actividad sexual como el principal elemento de riesgo.
“Las personas que tengan actividad sexual tienen riesgo de este tipo de infecciones”, concluye Morales.
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