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Del entretenimiento a la dependencia: Las señales que alertan sobre un uso problemático del celular en adultos mayores

El smartphone puede ser una herramienta para comunicarse, informarse y combatir la soledad, pero especialistas advierten que la señal de alerta aparece cuando comienza a interferir con el sueño, la alimentación, las relaciones presenciales y la autonomía.

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  • Diario Usach

  • Viernes 25 de septiembre de 2026 - 10:27

El uso intensivo del smartphone y las redes sociales dejó de ser un fenómeno asociado exclusivamente a adolescentes y jóvenes. Los adultos mayores también han incrementado su presencia en plataformas digitales y, en determinados casos, el uso de estos dispositivos puede pasar de ser una herramienta de comunicación y entretenimiento a interferir con actividades esenciales de la vida cotidiana.

Un estudio realizado en China y publicado en 2026 encontró que el 77% de los adultos mayores usuarios de plataformas digitales presentaba signos de adicción moderada o severa al celular, identificando además una relación entre esta dependencia y las características de las aplicaciones y sus algoritmos.

Más allá de las cifras, el debate apunta a distinguir entre un uso frecuente y uno que comienza a afectar la vida diaria. Para Alexis Sossa, académico del Centro de Investigación en Sociedad y Salud (CISS) de la Universidad Mayor, no existe un problema por el solo hecho de que una persona mayor pase tiempo con su teléfono.

“No hay problema cuando alguien usa un smartphone para hablar con la familia, para conectarse con otros, para informarse, para entretenerse”, explica a Diario Usach. La señal de alerta, plantea, aparece cuando se produce un desplazamiento de las rutinas habituales y comienza a existir una pérdida de funcionalidad y autonomía asociada al dispositivo.

“Hay un uso problemático cuando empieza a haber una pérdida de funcionalidad y autonomía en esta persona mayor producto del celular. Vale decir, cuando el tiempo de pantalla comienza a interferir con las actividades de la vida diaria, como lo son el dormir, el descanso, las comidas, las obligaciones sociales de conectarse con otros”, señala.

En ese escenario, agrega el académico, el smartphone puede comenzar a funcionar como “una especie de refugio”, desplazando otras actividades necesarias para el bienestar.

LAS SEÑALES QUE DEBERÍAN LLAMAR LA ATENCIÓN

Para Sossa existen cuatro señales principales que familiares y cuidadores pueden observar en la rutina de una persona mayor. La primera es el abandono de la presencialidad. Esto ocurre cuando las interacciones físicas, las salidas, la participación comunitaria o las actividades compartidas comienzan a ser reemplazadas sistemáticamente por el celular y las experiencias virtuales.

La segunda corresponde a la alteración de los ciclos biológicos y las rutinas básicas. Problemas de sueño, insomnio o descuidos en los horarios de alimentación y aseo personal pueden ser indicadores de que el uso del dispositivo está interfiriendo con actividades esenciales.

Una tercera señal está relacionada con el estado emocional. Irritabilidad, angustia o agitación ante situaciones como quedarse sin batería o no tener conexión a internet pueden evidenciar una relación problemática con el dispositivo.

Finalmente, el académico advierte sobre una cuarta dimensión: la vulnerabilidad frente a la desinformación. “En internet, en el celular, hay mucho fake news, mucha desinformación y hay adultos mayores que empiezan a consumir eso de manera compulsiva”, sostiene.

Según explica, la exposición reiterada a determinados contenidos puede generar estados de alerta, ansiedad o incluso paranoia, particularmente cuando los sistemas de recomendación continúan mostrando información similar.

ALFABETIZACIÓN DIGITAL PARA UN USO MÁS ACTIVO

Frente a este escenario, el desafío no necesariamente pasa por reducir de manera indiscriminada el acceso de las personas mayores a la tecnología. Para el académico, una de las herramientas es fortalecer la alfabetización digital, pero entendida no solo como aprender a utilizar un dispositivo.

La idea es avanzar desde un consumo predominantemente pasivo, como el desplazamiento constante por contenidos, hacia un uso que permita aprovechar la tecnología para fortalecer la vida cotidiana.

“Enseñar a usar la tecnología para organizar encuentros físicos, buscar eventos locales, coordinar visitas, hablar con otras personas”, ejemplifica Sossa.

También recomienda establecer momentos y espacios libres de pantallas, de manera que el uso del teléfono no interfiera con el descanso o las comidas. Esos períodos pueden ser reemplazados por actividades como leer, escuchar música, conversar o compartir presencialmente con otras personas.

“La idea es competir con el estímulo digital que es tan fácil y está ahí en el bolsillo, en la mano, y ofrecer otra alternativa de estar con las personas en un mundo real, comunitario, activo”, concluye.

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