Una imagen que aparece inesperadamente en el teléfono, una publicación que vuelve a circular en Instagram o un mensaje antiguo que reaparece en una conversación pueden traer de vuelta momentos compartidos con alguien que ya no está. En una época en que buena parte de los vínculos se construyen y mantienen en espacios digitales, la muerte también plantea nuevas preguntas sobre cómo despedirse y qué hacer con la huella virtual de quienes fallecen.
¿Cómo convivir con esos recuerdos digitales mientras se atraviesa el dolor de una pérdida? Plataformas como Facebook e Instagram permiten publicar homenajes, reunir fotografías y mantener espacios de conmemoración en los que familiares y amistades pueden expresar su afecto. Sin embargo, esa presencia permanente también puede generar dudas: ¿conviene conservar las cuentas?¿es mejor dejar de ver las publicaciones durante un tiempo? ¿eliminar una fotografía significa olvidar a quien murió?
Para Ana María Fernández, psicóloga y académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), la presencia digital de una persona fallecida puede contribuir a la elaboración del duelo, aunque no elimina el dolor que provoca la pérdida.
“Creo que es algo nuevo, pero favorable”, señala. La especialista explica que el duelo por la muerte de un ser querido implica aprender a vivir sin su cercanía física. Con el paso del tiempo, ese proceso también permite encontrar compañía en los recuerdos y las experiencias compartidas.
“Creo que inicialmente ningún medio elimina el dolor de enfrentar la pérdida, pero con el tiempo la presencia en redes puede favorecer una cercanía que es más abstracta y que significa incorporar y valorar al otro en la vida sin su presencia física”, plantea.
De esta manera, las fotografías y los mensajes que permanecen en internet pueden adquirir un significado distinto con el tiempo. Lo que inicialmente representa una ausencia dolorosa también puede transformarse en una oportunidad para recordar experiencias, reconstruir historias y reconocer el lugar que esa persona ocupó en la vida de quienes la conocieron.

EXPONERSE AL RECUERDO
Uno de los desafíos del duelo digital es la exposición a recuerdos que aparecen sin que la persona los busque. A diferencia de un álbum que se abre voluntariamente o de una conversación en la que alguien menciona al fallecido, las plataformas pueden mostrar fotografías y publicaciones en momentos inesperados, haciendo que la pérdida vuelva a sentirse cercana.
En ese escenario, tomar distancia de las redes sociales o preferir no revisar determinadas imágenes puede generar sentimientos de culpa. Algunas personas pueden interpretar esa decisión como una forma de abandonar la memoria de quien murió, aunque necesiten un descanso de los estímulos que les recuerdan su ausencia.
Ana María Fernández sostiene que esta experiencia no es necesariamente distinta de la que ocurre fuera de internet. El proceso de duelo puede incluir momentos en que se busca recordar y otros en que se necesita evitar aquello que intensifica el dolor.

“Hay veces que nos hacen pensar que ‘estamos borrando a alguien’ por no querer encontrar recuerdos todo el tiempo, pero no me parece que sea distinto de cuando alguien no quiere que le digan ‘lo siento por tu pérdida’ porque lo hace presente. Creo que es similar, solo que se traslada al mundo digital”, explica.
Desde esa perspectiva, no querer ver fotografías durante un tiempo no significa dejar de querer a la persona fallecida. Tampoco existe una única manera de relacionarse con los recuerdos, ya que cada persona puede necesitar distintos tiempos y formas de afrontar la ausencia.
La psicóloga advierte que el foco no debería estar exclusivamente en las plataformas, sino también en la relación que se mantiene con ellas y en los apoyos disponibles durante el proceso. “Creo que lo saludable es relacionarse con las redes sociales de forma sana, limitar el uso y no volcarse a ellas por completo en la vida diaria”, afirma.
La especialista agrega que, durante el duelo, resulta especialmente importante contar con personas cercanas y fortalecer los vínculos presenciales. Escuchar, acompañar y ofrecer apoyo físico y emocional puede ayudar a evitar que quien atraviesa una pérdida se encierre en el dolor.
“El problema sería que el recuerdo y la pérdida no nos permita retomar la rutina de la vida, nuestros otros afectos e interacciones, allí estaría el riesgo y la búsqueda de apoyo psicológico”, sostiene.
¿MANTENER O BORRAR?
Además del impacto emocional, la muerte de un ser querido abre una dimensión práctica: decidir qué ocurrirá con sus perfiles, fotografías, conversaciones y publicaciones. Para algunas familias, conservar una cuenta permite mantener un espacio de homenaje; para otras, eliminarla puede ser parte de la despedida.
Juan Francisco Ugarte, publicista y académico de la Facultad de Humanidades de la Usach, explica que las alternativas dependen de la plataforma y de la decisión de los familiares. En el caso de Meta, que agrupa a Facebook e Instagram, existen opciones para convertir los perfiles en espacios conmemorativos o solicitar su eliminación.
“Todo depende de la familia. Alternativas hay”, señala el académico, quien recalca que se trata de una decisión personal, especialmente en un momento marcado por el dolor.
La posibilidad de mantener una cuenta como memorial permite que los cercanos continúen compartiendo fotografías, mensajes y recuerdos. En cambio, solicitar su eliminación implica cerrar ese espacio digital. También existe la alternativa de no realizar modificaciones y dejar el perfil tal como está.
Sin embargo, conservar una cuenta no significa que los familiares puedan acceder libremente a toda la información privada de quien falleció. Ugarte advierte que las plataformas no entregan las contraseñas a los cercanos, por lo que recomienda considerar con anticipación qué contenidos se desea preservar.
“Lo que se recomienda es que la persona, o sea, cualquier familiar, vaya descargando la foto que quiera guardar y cosas así. No te van a pasar el paquete”, explica.
El académico también enfatiza que no existe una obligación de resolver inmediatamente qué hacer con los perfiles digitales. Para las familias, esta decisión puede quedar en segundo plano frente a las necesidades más urgentes que implica una pérdida.
“Eso todo, como te digo, es decisión muy personal de la familia. Hay alternativas, pero no son muchas”, plantea.
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