La pequeña localidad islandesa de Grindavik tuvo que ser evacuada por segunda vez en meses, tras una erupción de una grieta de magma que recuerda a la ocurrida en noviembre, cuando los 4.000 habitantes de la ciudad tuvieron que abandonar urgentemente sus hogares.
La nueva erupción es más pequeña que la de entonces - la grieta de este domingo tiene de todas formas una longitud de casi un kilómetro - pero el magma expulsado parece haber superado las barreras de contención que estaban siendo instaladas y ahora mismo la lava se encuentra a solo 450 metros de los primeros domicilios del norte de la localidad.
Defensa Civil de Islandia está supervisando de cerca la situación y recuerda que la mayor parte del pueblo sigue vacío porque muchos de sus ocupantes todavía no han regresado tras la primera evacuación de noviembre.
Ahora mismo los servicios de rescate están trabajando para impedir que el magma destruya las máquinas y los vehículos en la zona industrial de la localidad, una importante zona pesquera del suroeste de Islandia.
Aunque Islandia está acostumbrada a las erupciones, los residentes no han experimentado un evento que amenace áreas habitadas a tal escala desde 1973, cuando parte de una ciudad de unas 5.000 personas quedó sepultada bajo la lava en las Islas Westman.
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