Aunque el desierto de Atacama es reconocido como uno de los lugares más secos del planeta, hace millones de años el paisaje de esta zona del norte de Chile era muy diferente. Así lo confirma un reciente hallazgo paleontológico: investigadores encontraron un diente de un antiguo pariente de los capibaras que habitó la zona hace aproximadamente 8,8 millones de años.
El fósil corresponde a un tercer molar superior perteneciente al género extinto Cardiatherium, un roedor emparentado con los capibaras actuales. El ejemplar fue encontrado incrustado en una roca arenisca de la Formación Bahía Inglesa, correspondiente al período Neógeno.
El descubrimiento, publicado en la revista Scientific Reports, resulta especialmente relevante debido a las características del actual territorio donde fue encontrado.
“Encontrar un diente de capibara en un depósito marino en la que hoy es una de las regiones más secas de la Tierra es simplemente asombroso”, señaló Priscilla Martínez, autora principal de la investigación y geocientífica de la Universidad de Arizona.
La presencia de este roedor plantea una interrogante: ¿cómo pudo un animal asociado a ambientes húmedos y cuerpos de agua vivir en un territorio que actualmente presenta condiciones extremadamente áridas?
La explicación estaría en la transformación que experimentó el paisaje durante millones de años.
Los investigadores sostienen que, durante el Mioceno tardío, hace millones de años, el sector donde hoy se encuentra el desierto de Atacama contaba con condiciones ambientales mucho más húmedas, con disponibilidad de agua dulce y una abundante vegetación.
Esta hipótesis ya contaba con antecedentes paleontológicos. En la zona se han encontrado fósiles de peces y cocodrilos de agua dulce, evidencias que apuntan a la existencia de antiguos ambientes acuáticos.
A estos registros se suma ahora el diente de Cardiatherium. El equipo también identificó pequeños fragmentos de sílice conocidos como fitolitos, estructuras microscópicas producidas por las plantas que pueden conservarse durante millones de años.
El análisis de estos restos permitió identificar señales compatibles con la presencia de distintos tipos de vegetación, entre ellas palmeras, jengibre y otras plantas con flores que habrían aprovechado fuentes de agua dulce subterránea.
La evidencia permite reconstruir un escenario muy diferente al paisaje árido que caracteriza actualmente al norte de Chile.
“Todo esto respalda la idea de que existía una comunidad ecológica lo suficientemente grande como para sustentar las poblaciones de capibaras a largo plazo”, explicó Mark Clementz, experto en paleobiología y jefe del Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Wyoming, además de coautor del estudio.
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