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Humo de tabaco y fumadores pasivos: Los riesgos de inhalar sustancias tóxicas sin encender un cigarro

Convivir entre seis y ocho horas con alguien que consume estos productos expone al organismo a cientos de componentes cancerígenos. Especialistas explican por qué inhalar las exhalaciones ajenas entraña graves peligros para el sistema respiratorio.

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  • Raul Gutiérrez Velásquez

  • Miércoles 7 de octubre de 2026 - 17:09

“Yo no fumo”. Si usted es de las personas que no tiene la costumbre de consumir cigarrillos, seguramente, esa es una frase que ha dicho muchas veces en su vida. Pero ahora, ¿se ha puesto a pensar si es que su salud corre peligros por el humo que emanan quienes fuman a su alrededor?

Y esa interrogante no apunta a un tema menor: según un estudio dado a conocer por el Global Burden of Disease (GBD) sobre el “humo de segunda mano”, el número de fumadores pasivos, a nivel mundial, superaría a las 2.700 personas. Es más, la información entregada por el organismo de salubridad internacional también señala que, debido a esta realidad, más de 1.66 millones de individuos habrían fallecido. 

Consultado por este tema, Felipe Rivera, cirujano con especialización  en enfermedades respiratorias y académico asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica a Diario Usach que “un fumador pasivo es aquella persona que convive gran parte del día con alguien que consume cigarros. Por tanto, podría ser la esposa, la polola o los niños que permanecen entre seis u ocho horas al día”. 

El médico broncopulmonar subraya que nuestros pulmones están preparados para respirar aire puro y que “cualquier cosa extra que contenga el aire, como gases nobles o un poco de CO2, pueden provocar un daño cuya magnitud dependerá del tiempo de exposición ante los agentes tóxicos”.

A su vez, esos efectos se vinculan con los factores individuales de cada persona ya que no todos somos iguales. “Depende de las características genéticas y antropomórficas. No pasa lo mismo en un niño, en un enfermo, un adulto joven, alguien mayor o en un paciente con comorbilidad”, resalta.

El especialista manifiesta que el aire que inhalan los fumadores pasivos podría ser más dañino que el de los individuos que fuman, porque estos, aspiran oxígeno y exhalan suciedades. “Por lo tanto, el aire de quienes están alrededor queda con más contaminación desde el punto de vista del CO2 y una serie de componentes tóxicos como el benceno, los sulfuros y un largo etc. Hay entre 400 o 500 cosas que podrían provocar cáncer de pulmón”, dice.

Sobre este mismo ámbito, Javier Bravo, pediatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, hace una precisión sobre el concepto fumador pasivo: “cuando se habla de ellos, generalmente se entiende de personas que quisieran fumar. Pero, siendo más precisos, ellos no quieren inhalar el humo del tabaco. Simplemente están ahí respirando lo que sale de la exhalación del fumador directo y de lo que sale de la combustión del mismo cigarrillo”.

“De esa manera, ellos se ven enfrentados a compuestos como la nicotina y el monóxido de carbono, y también, a una serie de otras moléculas de distinto nombre y calibre, que tienen funciones irritantes y moléculas carcinogénicas”, subraya.

LOS EFECTOS DEL HUMO  

Felipe Rivera señala la existencia de evidencias sólidas que demuestran que “las mujeres fumadoras, de manera pasiva, tienen mayores posibilidades de desarrollar cáncer pulmonar en comparación a las que no pasan largos periodos con gente que consume tabaco. A eso se suman las cifras que indican que los hijos de madres fumadoras presentan más enfermedades respiratorias (como la sinusitis) y menor desarrollo pulmonar”.

“Hay una correlación entre la salud de un adulto con las enfermedades que tuvo en la niñez. Incluso, hay algunas relaciones entre madres que fuman en sus periodos de pre embarazo y con las dolencias crónicas que se producen en sus hijos”, dice el académico de la Universidad de Chile.

El médico broncopulmonar expresa también que las personas hiperreactivas, “al exponerse a los efectos de los cigarros, pueden generar crisis obstructivas, bronquitos, rinitis o una inflamación pulmonar intensa. Está probado que la inhalación de toxinas es algo dañino para la salud”.

En esta misma línea, Javier Bravo manifiesta que las repercusiones en el sistema y en la salud de las personas que están expuestas al cigarro, ya sea de forma directa o indirecta, se expresan en una agresión al sistema respiratorio.

“La reparación o regeneración de cualquier afección en esta parte del cuerpo será totalmente distinta. Lo que va a durar un resfrío o una faringitis va a ser distinto en relación en las personas que están o no expuestas al cigarro. Y lo mismo ocurre con quienes tienen susceptibilidades puntuales a nivel del árbol respiratorio, gente con asma o con alguna otra patología crónica a nivel pulmonar. Ellos también se verán afectados con un fenómeno inflamatorio, van a generar más síntomas, mayor dificultad respiratoria y con un tiempo de recuperación mucho más extenso”, afirma.

Ahora, en lo que respecta a efectos a largo plazo, que se manifiestan cuando se da la inflamación mantenida, el especialista de la Usach expone “que existe suficiente evidencia ante la posible aparición de cáncer, tanto pulmonar como de otros tipos, afecciones cardiovasculares, aumentos en la posibilidad de infartos y de accidentes cerebrovasculares”.

Y en lo que respecta a los efectos del humo del cigarro en los menores, Bravo es enfático: “aquí definitivamente estamos hablamos sobre uno de los grandes antagonistas de cualquier pediatra. Los niños tienen un pulmón que está en desarrollo, que es más pequeño y que es más susceptible a la agresión de todos los gases irritantes del tabaco. Asimismo tenemos amplia información respecto a que la exposición a un ambiente tabáquico genera infecciones respiratorias mucho más graves, mayor frecuencia de exacerbaciones de bronquitis o de asma”.

Por lo mismo, destaca que, a largo plazo, “se ve una caída en la función pulmonar de los niños que viven en entornos expuestos al humo al cigarro. En ese punto es donde nosotros tratamos de apelar más a la conciencia familiar, donde hay que comprender que a un menor envuelto en un entorno de tabaco le estamos desarrollando mayor riesgo para presentar infecciones más severas, más largas, con más malestar y más dolor.

En cuanto a las cifras presentadas por el GBD, el profesional de la Universidad de Santiago las califica como “alarmantes e importantes desde el punto de vista de la salud pública”.

“Habla de que al menos 1.6 millones de muertes a nivel global pudieran ser atribuidas a la exposición del cigarro, y por otra parte, casi 44 millones de años de vida saludable han sido drenados por la exposición al cigarrillo”, subraya.

Ante esos mismos números, Felipe Rivera concluye señalando que “la mejor prevención para no padecer enfermedades respiratorias es no fumar. Y en el caso de que lo hagan, háganlo fuera de la casa, no en el balcón, no en una terraza, no en el patio. Y se debe enseñar a que los niños y los no fumadores deben exigir respirar un aire limpio”.

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