Los gatos suelen cargar con la fama de ser animales independientes e incluso interesados. Ahora, una investigación realizada por científicos de la Universidad Eötvös Loránd, en Budapest, encontró evidencia que podría reforzar esa percepción.
El estudio, desarrollado por el Departamento de Etología de la institución y publicado en la revista Animal Behaviour, comparó la capacidad de niños pequeños, perros y gatos para responder ante una situación en la que una persona necesitaba ayuda. Los resultados mostraron que los perros exhibieron comportamientos prosociales espontáneos similares a los observados en los niños, mientras que los gatos solo reaccionaron cuando existía un beneficio directo para ellos.
Para la investigación participaron 19 niños de entre 16 y 24 meses, 38 perros domésticos sin entrenamiento específico y 22 gatos. El objetivo era determinar qué especie respondería de manera espontánea cuando un humano enfrentara una dificultad.
Durante la prueba, los cuidadores utilizaban una esponja y luego se daban la vuelta mientras un investigador escondía el objeto. Posteriormente, los adultos fingían no poder encontrarlo, repitiendo frases como “no la encuentro, ¿qué debo hacer?”, sin solicitar ayuda directamente a los participantes.
El experimento contempló tres niveles de dificultad: una situación en la que la esponja estaba cubierta y fuera del alcance del cuidador; otra en que era visible, pero inalcanzable; y una tercera donde el objeto podía alcanzarse fácilmente.
Aunque todos los participantes prestaron atención a la escena, las respuestas fueron distintas. Los niños y los perros mostraron una mayor disposición a colaborar, acercándose al objeto, señalándolo o incluso entregándoselo al cuidador. Los gatos, en cambio, rara vez se aproximaron o indicaron dónde se encontraba la esponja.
Ante estos resultados, los investigadores se preguntaron si los felinos no ayudaban porque no comprendían la situación o porque simplemente carecían de motivación para intervenir.
Para despejar la duda, realizaron una prueba adicional en la que reemplazaron la esponja por comida o por el juguete favorito de cada gato. En ese escenario, los animales sí respondieron, acercándose y señalando los objetos con una frecuencia comparable a la observada en perros y niños.
Según los autores, estos hallazgos sugieren que los gatos son capaces de entender cuándo una persona necesita ayuda, pero que su decisión de actuar parece depender de la existencia de una recompensa. Algunos especialistas plantean que esta conducta podría estar relacionada con la naturaleza más autónoma de los felinos, que no sienten la misma necesidad de intervenir en beneficio de otros si la situación no les reporta una ventaja directa.
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