Hay fotografías que parecen capturar un instante fugaz, pero detrás de ellas pueden existir horas de silencio, recorridos repetidos y una espera que, muchas veces, no entrega resultados. Esa es parte de la rutina de Sergio Sierra, fotógrafo de naturaleza de 35 años que vive en San Carlos, Región de Ñuble, y que se ha consolidado como una de las cuentas chilenas más seguidas en redes sociales dedicadas a retratar aves, paisajes y vida silvestre.
Con más de 300 mil seguidores en Instagram, Sierra comparte imágenes en las que la fauna aparece en primer plano: picaflores suspendidos frente a una flor, aves en pleno vuelo, paisajes y rincones de biodiversidad que suelen permanecer fuera de la mirada cotidiana.
Su vínculo con el entorno natural comenzó mucho antes de tener una cámara. “Desde niño a mí siempre me gustó la naturaleza. Siempre me gustaba andar descalzo, siempre me gustaba andar metido entre bosques, lugares con harta vegetación”, recuerda en conversación con Diario Usach.
La fotografía llegó después, alrededor de 2018. En ese entonces instaló Instagram y comenzó a encontrarse con una gran cantidad de registros de aves, lunas, paisajes y cielos nocturnos. Esa experiencia despertó una inquietud que terminó por cambiar su rutina. “Dije: ‘me voy a comprar mi primera cámara’. Junté plata y al final me la compré. Y ahí partí con todo esto de la fotografía y de naturaleza”, relata.
Aunque no se define como fotógrafo profesional, Sierra ha desarrollado su trabajo de manera autodidacta. Ha tomado algunos cursos, revisado videos, leído sobre técnica y, sobre todo, aprendido en terreno. “Me he ido perfeccionando con el tiempo de manera independiente”, señala.
Con los años, su interés dejó de estar únicamente en conseguir una buena imagen. Fotografiar aves también implicó conocer sus comportamientos, sus hábitats y las amenazas que enfrentan. “Si conoces el ave, después le tomas más interés, quiere aprender más, quiere saber sobre su hábitat, qué puede hacer para protegerlo”, explica.
Ese proceso también ha sido clave para planificar sus salidas. Identificar especies, saber dónde viven y reconocer sus horarios o costumbres permite acercarse a ellas con mayor respeto y aumenta las posibilidades de obtener un registro. “A medida de que vas conociendo más animales y aves, investigas más sobre este tipo de aves, de su hábitat, por dónde habitan, y todo eso facilita más la fotografía”, comenta.
Uno de sus lugares favoritos está cerca de casa: San Fabián de Alico, comuna cordillerana de Ñuble que destaca por su riqueza natural. “Me llama mucho la atención por su biodiversidad. Tiene unos paisajes muy lindos”, afirma.
Pero la naturaleza no se deja fotografiar con rapidez ni bajo horarios rígidos. Para Sierra el principal requisito de este oficio es la paciencia. “La paciencia es como lo fundamental de la fotografía de naturaleza y de vida silvestre”, sostiene.
CUIDADO Y VALORACIÓN AMBIENTAL
En sus videos y publicaciones se le puede ver utilizando ropa de camuflaje. No se trata solo de una estrategia para lograr mejores imágenes, sino también de una forma de reducir su impacto en el entorno. “Trato de usarla la mayoría de las veces, más para que no afecte tanto al hábitat y al ave. Trato de quedarme quieto y que el ave o el animal llegue hacia mí y luego empezar a fotografiar”, explica.
Las jornadas pueden extenderse durante toda una tarde o incluso gran parte del día. A veces, el resultado no convence o simplemente no hay imagen. “De repente estoy toda una tarde, casi todo un día, y me devuelvo a la casa sin ninguna foto. Tengo que volver al otro día o a la otra semana”, cuenta.
Entre todas las especies que ha retratado, hay una que ocupa un lugar especial: el picaflor chico. “Es mi ave favorita”, dice. Le atrae su anatomía, la rapidez de su vuelo y los colores iridiscentes de su plumaje, que cambian según la luz y el ángulo desde el que se observen. “También el vuelo que tiene el picaflor me gusta mucho, ya que es la única ave que puede volar hacia atrás”, destaca.
A través de sus redes, Sierra busca que la fotografía funcione como una puerta de entrada a la valoración ambiental. Su apuesta es mostrar primero la belleza de una especie o de un paisaje, para que las personas puedan conocerlos y, desde ahí, comprender la necesidad de protegerlos.
“Trato de aportar con mi granito de arena, difundiendo con imágenes o fotografías. La mayoría de las veces trato de mostrar el lado bonito de la naturaleza, de la especie, para que la gente le vaya tomando cariño, la vaya conociendo y así trate de cuidarla”, plantea.
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