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Ni celibato ni abstinencia: Las claves para entender cómo se vive la asexualidad en Chile

Un estudio de la consultora CORPA en 2025 señala que el 1% de los consultados dijo sentirse identificado con dicha orientación. Las académicas de la Usach, Tiare Moreno y Camila León explicaron el concepto y el joven Luis Castañeda, quien se define como integrante de este grupo, relató cómo se autodescubrió y explicó su manera de ver el placer.

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  • Raúl Gutiérrez Velásquez

  • Miércoles 29 de julio de 2026 - 13:19

  • Foto: Magnific

En 2025, la empresa CORPA de Market Intelligence publicó un estudio llamado Género y Orientación Sexual en Chile” en el cual se dieron a conocer cifras sobre las diversidades sexuales presentes en el país, con especial foco en la población joven que vive en nuestro territorio.

Los indicadores señalan que, entre la población consultada, un 3% se declaró no binario, el 90% heterosexual, un 2% bisexual, 1% como pansexual, otro 3% no respondió y un 1% se definió como asexual

Entre todo el abanico de orientaciones sexuales, llama la atención el número que hoy alcanza la asexualidad en Chile, pese a que, el concepto para muchos y muchas aún no resulte tan familiar.

Para tener una definición concreta, Tiare Moreno, enfermera y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago indica: “la asexualidad es una orientación sexual en la que una persona no experimenta atracción sexual o que la vive en muy contadas ocasiones”.

A su vez, la profesional descarta de plano que esto tenga relación con alguna patología: “la organización norteamericana Mental Health America (MHA) destaca que se trata de una variación de la sexualidad humana y no de un trastorno de salud mental. En general, la literatura científica coincide en definirla como la ausencia de la atracción sexual aunque muestra que dentro de dicha comunidad existe una amplia heterogeneidad en las experiencias, conductas y formas de relacionarse con la sexualidad”.

Ahora, es común vincular una falta de deseo con el celibato o la abstinencia. Sobre este punto, Tiare Moreno explica: “esas acciones corresponden a prácticas o decisiones en torno a las conductas sexuales. La asexualidad, en cambio es una orientación. Alguien que se define como asexual puede decidir si quiere o no tener relaciones íntimas por motivos personales, afectivos, de salud, de pareja o por curiosidad, sin que esto le cambie su opción. Por eso, no hay que confundir el ‘no tener sexo’ con ‘ser asexual’”. 

La profesional sostiene, además, que no todas las personas asexuales viven las experiencias de atracción de la mismo modo o intensidad. “Dentro de ese aspecto aparecen identidades como la grisexualidad (la gente que experimenta rara vez un gusto sexual por otro hombre o mujer) y la demisexualidad (quienes sienten atracción sexual principalmente después de un vínculo emocional fuerte)”. 

SER ASEXUAL EN CHILE 

Luis Castañeda tiene 27 años, es chileno y se define como asexual. En conversación con Diario Usach sostiene: “me siento parte de un club secreto. A pesar de la poca visibilidad, es lindo saber que hay una sombrilla con la que cubrirse y que hay más personas con una visión similar”. 

Relata que descubrió su orientación gracias a la serie animada BoJack Horseman, programa en el que muestran a un personaje llamado Todd en la adolescencia, justo en el momento en que se le cuestiona el no sentir atracción por otras personas.

“En un punto del programa, él descubre el concepto de la asexualidad y se le ‘hace un click’. Además, él no se definió como asexual de manera inmediata, sino que investigó sobre el término y, varios capítulos después, reunió la confianza para decirle al protagonista ‘yo soy una persona asexual’”, señala.

“Resoné mucho con su experiencia al no percibirme de ninguna forma hasta que me empecé a informar más, y mientras más investigaba, más sentido me hacía. Fue liberador contárselo a personas de confianza aunque igual tuve un par de ‘mal tragos’, complementa. 

(Foto: es.asexuality.org)

Consultado por la posibilidad de enamorarse, Luis Castalleda responde de manera enfática: “por su puesto”.

Vivir ese sentimiento es más profundo que sentirse atraído por alguien. Lleva un tiempo y requiere trabajo. La atracción (sexual, romántica, estética, etc.) es un factor pero no es un requisito”, dice y luego agrega un punto que para él resulta importante: “hay que entender que la atracción no va necesariamente de la mano con el impulso. Una persona puede disfrutar de ciertas prácticas sexuales, por las sensaciones, independiente de su orientación sexual”.

Lo relatado por Luis Castalleda es refrendado por Camila León, enfermera y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago. “Las personas asexuales pueden tener afectos profundos y sentirse enamoradas", detalla.

Agrega que "culturalmente, el amor romántico suele asociarse de manera instintiva con la práctica sexual, entendiendo esa experiencia como algo inseparable del deseo. No obstante, la evidencia científica lo cuestiona y plantea que la atracción romántica y la sexual se pueden entender como dimensiones diferentes. En este sentido, la asexualidad no elimina la posibilidad de vincularse de manera afectiva o de construir relaciones de pareja”.

LA ENSEÑANZA ADECUADA

En esta misma línea, la especialista resalta que “una persona se identifique como asexual no descarta que experimente comportamiento sexual”. Sostiene que hay estudios que evidencian que los asexuales son  menos propensos a masturbarse por diversión o placer, “pero acá no hay algo absoluto”, sostiene.

“Hay quienes lo disfrutan y hay otros u otras que lo experimentan más bien como algo de cuidado del propio cuerpo, similar a acciones de protección a nivel fisiológico, como la alimentación o el descanso”, señala.

Camila León indica que para que este tipo de orientación no se vea como una patología, “la educación debe aclarar que la asexualidad es una forma válida de sexualidad humana y no una enfermedad".

Por último, concluye que "esto implica entender que no toda ausencia de interés sexual es síntoma de un problema, enseñar las diferencias que existen entre atracción, conducta relativa al sexo, deseo romántico y orientación y, a la vez, normalizar el uso del lenguaje inclusivo. Este punto debe ir de la mano con una educación sexual integral a la comunidad".

 

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