Cinco mujeres mueren cada día en Chile a causa del cáncer de mama y, en los últimos seis años, más de 10 mil personas han perdido la vida por esta causa en el país. Esta realidad contrasta con las posibilidades que existen cuando esta enfermedad se detecta a tiempo: 9 de cada 10 pacientes sobreviven.
El cáncer de mama puede desarrollarse sin producir síntomas en sus etapas iniciales. “La herramienta fundamental para detectarlo en etapas precoces sigue siendo la mamografía realizada de manera periódica en la población que corresponde. El desafío es lograr que las mujeres accedan a ella, incluso cuando se sienten sanas, porque justamente el objetivo del screening es encontrar tumores antes de que produzcan síntomas o sean palpables”, explica el Dr. Badir Chahuán, jefe de la Unidad de Cirugía Oncológica y Reconstructiva de Mama del Instituto Oncológico FALP.
Este examen de tamizaje es el único que ha demostrado reducir la mortalidad por cáncer de mama, enfermedad que 1 de cada 8 mujeres desarrollará a lo largo de su vida. La indicación es realizarla anualmente a partir de los 40 años o, de acuerdo con las recomendaciones del equipo médico, antes de esa edad cuando hay antecedentes familiares directos de cáncer de mama u ovario (madre, hermanas o hijas).
La detección precoz no solo mejora las tasas de sobrevida. “Cuando la enfermedad se pesquisa en etapas tempranas, las posibilidades de curación son muy altas y podemos ofrecer tratamientos menos extensos. En muchos casos es posible realizar una cirugía conservadora de la mama y disminuir la magnitud de la cirugía axilar, reduciendo las secuelas físicas y el impacto en la calidad de vida”, señala el Dr. Chahuán.
En cambio, si el cáncer se diagnostica en etapas avanzadas, generalmente se requieren tratamientos más complejos y prolongados, que pueden incluir quimioterapia antes de la cirugía, intervenciones más extensas, radioterapia y distintos tratamientos sistémicos según las características biológicas del tumor. “Por eso, la detección precoz no solo aumenta las posibilidades de curación; también puede significar tratamientos menos agresivos, menores secuelas y un menor impacto para la paciente, su familia y el sistema de salud”, enfatiza el cirujano oncólogo de mama.
FACTORES DE RIESGO
Las posibilidades de desarrollar cáncer de mama aumentan con la edad. También influyen los antecedentes familiares, algunas alteraciones genéticas hereditarias —entre ellas las asociadas a los genes BRCA1 y BRCA2—, haber tenido una menarquia temprana o menopausia tardía, no haber tenido hijos o el primer embarazo después de los 30 años, y algunas terapias de sustitución hormonal en la menopausia.
Existen, además, factores relacionados con el estilo de vida que pueden modificarse, como el sobrepeso y la obesidad (IMC mayor a 25), el consumo de alcohol, tabaquismo, sedentarismo y una dieta rica en grasas y azúcares.
NO ESPERAR LOS SÍNTOMAS
La recomendación es no esperar a que aparezcan síntomas para consultar, mantener al día los controles de salud y los exámenes de detección correspondientes. El autoexamen no reemplaza a la mamografía, pero puede ayudar a que las mujeres conozcan sus mamas y consulten ante cambios persistentes, como:
- Aparición de un bulto en la mama o axila.
- Cambios en el tamaño o forma de una mama.
- Retracción o hundimiento del pezón.
- Alteraciones persistentes en la piel (engrosamiento, descamación, irritación o aspecto de “piel de naranja”).
- Secreción por el pezón que no corresponda a leche materna (especialmente si contiene sangre o aparece de forma espontánea).
- Enrojecimiento, inflamación o aumento de temperatura de la mama.
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