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No todo es alegría: Los efectos ocultos de la primavera en la salud mental

El Trastorno Afectivo Estacional suele asociarse con los meses de otoño e invierno. Sin embargo, también puede aparecer durante la primavera y el verano. Isabel Puga, docente Usach, explica cuáles son sus principales síntomas, señales de alerta y alternativas de tratamiento.

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  • Claudio Cortés carvajal

  • Lunes 28 de septiembre de 2026 - 11:51

  • Agencia UNO

Con la llegada de la primavera aumentan las horas de luz, suben las temperaturas y se modifican progresivamente nuestras rutinas. Para algunas personas este paso también puede traer cambios significativos en el estado de ánimo, del sueño y en los niveles de ansiedad. 

Entre las condiciones asociadas a estas variaciones está el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), el que se caracteriza por la aparición recurrente de episodios depresivos durante determinadas épocas del año y su disminución cuando finaliza ese periodo. El TAE de primavera-verano representa entre el 10% y el 20% de los casos de este trastorno, señala Isabel Puga, docente de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago.

“El patrón más frecuente y estudiado es el TAE de inicio otoñal e invernal, conocido como depresión de invierno, pero también existe un patrón de inicio primaveral o estival. Por lo tanto, no ocurre exclusivamente en una estación, sino que está relacionado con los cambios estacionales y las variaciones de luz y temperatura”, explica la profesional.

Estos factores hacen que los síntomas se diferencien de los asociados a la depresión estacional de invierno. Al respecto, la también psicóloga del Centro de Salud de la Usach señala que "en primavera, el aumento de las horas de luz y de la temperatura puede alterar los ritmos biológicos de personas susceptibles, afectando el sueño, la vigilia, la regulación del estado de ánimo (...), además de cambios en sistemas relacionados con la melatonina y la serotonina".

Respecto a cómo se manifiesta el trastorno, Puga dice que los patrones de comportamiento pueden variar. Mientras durante el invierno suelen observarse mayor somnolencia, cansancio, aumento del apetito, aislamiento social y aumento de peso, “en primavera podemos encontrar el fenómeno contrario. Dificultades para dormir, inquietud, irritabilidad, ansiedad y menor apetito”, precisa.

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SEÑALES A CONSIDERAR

Más allá de las diferencias estacionales, el TAE comparte síntomas propios de los cuadros depresivos, como tristeza persistente, sensación de vacío, desesperanza, pérdida de interés o placer en actividades cotidianas y sentimientos de inutilidad o culpa, entre otros indicios a los que se debe prestar atención.

Una señal que requiere especial atención es la aparición de pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio. “Expresiones como ‘sería mejor no estar aquí’, deseos de no despertar o pensamientos recurrentes sobre la muerte, es necesario buscar ayuda profesional de manera inmediata. Son señales que no deben minimizarse”, enfatiza Puga.

Ante estos síntomas, la especialesta recomienda evitar el aislamiento, acercarse a conversar con personas de confianza y solicitar una evaluación profesional. Si existe riesgo suicida o una crisis, se debe recurrir a servicios de urgencia o a los canales de ayuda disponibles, como la línea *4141, la cual  es completamente gratuita y se puede llamar desde celulares de lunes a domingo, las 24 horas del día. 

Sobre el abordaje de estos cuadros, la profesional indica que depende de la intensidad y características del cuadro que presente cada persona. Se puede utilizar la psicoterapia, un tratamiento farmacológico indicado por un especialista, ajustes en los hábitos cotidianos particularmente aquellos relacionados con el sueño, la actividad física y la organización de las rutinas.

“El tratamiento depende de la severidad del episodio, del impacto que está teniendo en la vida cotidiana, de la existencia de otras condiciones de salud y, especialmente, de la presencia de riesgo suicida, que requiere una intervención prioritaria”, explica Puga.

La especialista recalca que reconocer tempranamente los cambios y consultar oportunamente puede evitar que los síntomas se intensifiquen. 

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¿SE PUEDE PREVENIR?

No siempre es posible impedir la aparición de un episodio, pero sí existen medidas que pueden ayudar a disminuir el impacto de las transiciones estacionales, especialmente en personas que han presentado previamente este patrón.

Por ejemplo, mantener horarios regulares para dormir, alimentarse y realizar actividad física. También es importante cuidar las condiciones del sueño y regular adecuadamente la exposición a la luz de acuerdo con las necesidades de cada persona.

“Las rutinas funcionan como señales para nuestro reloj biológico. Mantener horarios relativamente estables para dormir, comer y realizar actividad física puede facilitar la adaptación del organismo frente a los cambios estacionales”, concluye.

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