Hace algunos días, un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) dio a conocer una información que resulta preocupante: en los próximos años, el calentamiento global superará el límite de lo 1,5°C respecto a la era preindustrial.
Según los responsables del estudio, esto podría generar graves secuelas para nuestro planeta, los que se expresarían en fenómenos climáticos extremos, la sumersión de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), en la destrucción de ecosistemas y de ciudades costeras. Todo eso sumado a las consecuencias que se expresarán en una menor calidad en la salud de las personas.
Antes de profundizar en las consecuencias, el investigador, y académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago, Edgardo Sepúlveda , explica a Diario Usach que “el alza sostenida de 1,5°C de calentamiento por sobre los niveles preindustriales (una base que se estableció como la temperatura global promedio ente 1850 y 1900) es el límite que nos propusimos no superar en el Acuerdo de París de 2015 y del que Chile es parte”.

El académico sostiene que “el objetivo es mantener una media mundial por debajo de los 2 °C. Para ese entonces (2015), la evidencia científica y las proyecciones que presentaba el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ya indicaban que superar el umbral de los 1,5 °C significaba un punto de no retorno para ciertos ecosistemas en nuestro mundo”.
Sobre los efectos, Sepúlveda indica que el aumento de grado Celsius “ya se está viendo con olas de calor más intensas y frecuentes (que tienen directa relación con los incendios forestales); en precipitaciones más intensas en ciertas zonas del planeta (con mayor cantidad de agua-lluvia en poco tiempo) lo que conlleva a inundaciones repentinas; y en sequías extremas y extensas en otras regiones”, dice y complementa expresando que, en el largo plazo, “esto se traduce en derretimiento de glaciares, como lo que vimos en Nepal, y en el derretimiento de los casquetes de hilos en los polos, lo que, a su vez, conduce a un alza sostenida del mar”.
Entre los efectos que implica un alta de temperatura en el planeta, el académico subraya “un alto declive en los arrecifes de coral y el colapso irreversible de plataformas de hielo”. Sin embargo, explica que “llegar al alza de 1,5°C no significa necesariamente un umbral al que no se pueda llegar a futuro, una vez que se limiten a 0 las emisiones de gases de efecto invernadero”.
“El comenzar a disminuir los grados, para volver a las cifras preindustriales, es lo que se denomina ‘overshoot’ y eso es lo que permite que países en vías de desarrollo puedan seguir su camino bajo una economía basada en combustibles fósiles mientras se implementan medidas de transición energética a métodos más limpios y de cero emisiones”, explica.
Por su parte, el climatólogo, y académico de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero, resalta que “debemos tratar de cumplir en lo posible con la meta establecida en el Acuerdo de Paris, ya que con cada fracción de grado que sube la temperatura global implica un alza en la frecuencia e intensidad de los eventos extremos”.
Para el especialista, “el cambio climático en los niveles actuales ya es irreversible en cualquier futuro predecible” e indica que, con eso en mente, “no es lo mismo un aumento de 5°C que uno de 2°C o más”. “Aquí cada fracción cuenta”, dice.
MEDIDAS A CORTO Y LARGO PLAZO
En el informe presentado por el Programa de la ONU para el Medio Ambiente señala tres fases de acción para frenar las graves consecuencias del calentamiento global que está sufriendo el planeta: respuestas inmediatas, adaptación y contención y, finalmente, resiliencia a largo plazo.
“El primer punto hace referencia a un ‘overshoot’ breve y bajo, lo que en palabras simples significa cortar drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial de metano, y la implementación – mejora de sistemas de alerta temprana ante eventos meteorológicos extremos”, explica Edgardo Sepúlveda.
En lo que respecta a la segunda fase, el especialista sostiene que “esta apunta al momento en que el mundo alcance su peak de calentamiento. Ahí, se requerirá continuar con la descarbonización como medida de mitigación y evaluar medidas de reubicación poblacional”.
Y sobre el tercer punto, el académico manifiesta que “cuando las temperaturas comiencen a bajar, se prevé una mejora y mayor implementación de tecnologías de captura de carbono”.

Sepúlveda hace una advertencia: “estar expuestos a mayores fenómenos meteorológicos extremos requieren desembolsar e incrementar gastos en recuperación y reconstrucción. Ese incremento puede llevar a una desaceleración del crecimiento económico, provocar que las aseguradoras escapen de los países con mayor riesgo y que aumente la desigualdad entre naciones de escasos recursos”, dice.
Además, agrega que “los eventos extremos se expresan en una disminución de cultivos básicos, como los del maíz y el trigo, lo que va de la mano con un descenso en la calidad nutricional”.
Raúl Cordero finaliza indicando que “los efectos del cambio climático en la agricultura significan más inseguridad alimenticia. Cuando, por efecto de las sequías o las inundaciones, fallan las cosechas, los precios de los alimentos suben y la gente de menores recursos presenta problemas para financiar su alimentación. Sin embargo, hay que clarificar que esas consecuencias no son solamente esperables para el futuro ya que hoy, en este mismo instante, se manifiestan en el mercado mundial con el alto precio en que se están trazando los productos alimenticios”.
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