Valentina se casó en 2024, pero la maternidad biológica no forma parte, por ahora, de sus proyectos. Durante años pensó que en algún momento despertaría en ella el llamado instinto por se mamá. Sin embargo, eso no ocurrió y hoy entiende este escenario desde una perspectiva más amplia, vinculada con los afectos y la construcción social.
“Pensar la maternidad más allá de su condición biológica me hace más sentido. Me gusta pensarla en su aspecto de comunidad, de cómo creamos comunidad para formar personas”, asegura.
Su visión también contempla otras formas de crianza, como los vínculos que se establecen con sobrinos, primos y personas cercanas. Aunque no descarta convertirse en madre, considera que la adopción podría ser una alternativa más acorde con sus convicciones.
Una mirada similar tiene Isa, quien tampoco considera la maternidad biológica como una prioridad. Espera, en diez años, haber desarrollado al máximo sus capacidades profesionales para “optar a una mejor estabilidad económica y cumplir con otras metas que priorizo”. Solo entonces podría "reconsiderar la posibilidad de adoptar o tal vez en menos tiempo. Pero de todas maneras la maternidad la aplazaría lo que más pueda”, afirma.
Ambos testimonios reflejan parte de las transformaciones culturales y sociales que atraviesa Chile. Sin embargo, detrás de la decisión de tener o no tener hijos también existen condiciones materiales que dificultan la formación de una familia, incluso entre quienes desean hacerlo.
Especialistas concuerdan en que la caída de la natalidad no puede explicarse exclusivamente por cambios en las preferencias individuales. Se trata de un fenómeno más profundo, relacionado con las condiciones económicas, laborales y sociales del país, cuyas consecuencias ya comienzan a manifestarse en distintos ámbitos.

Fuente: Agencia UNO
UNA TRANSFORMACIÓN DEMOGRÁFICA ACELERADA
Según antecedentes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Servicio de Registro Civil e Identificación y el Ministerio de Salud, en 1993 se registraron 275.916 nacimientos en Chile. Treinta y dos años después, en 2025, la cifra descendió a 146.446, lo que representa una disminución del 46,9%.
Durante el mismo período, la tasa global de fecundidad cayó un 59,4% y llegó por primera vez a 0,99 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para alcanzar el nivel de reemplazo generacional. Paralelamente, la edad media de la fecundidad aumentó de 27 a 30 años.
Esta tendencia sitúa a Chile entre los países con menores niveles de fecundidad del mundo y anticipa importantes modificaciones en la composición de su población.
Marinella Mazzei Pimentel, socióloga, demógrafa y subdirectora de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, plantea que estas cifras deben analizarse dentro de un proceso más amplio. Para la especialista, lo particularmente significativo no es solo la magnitud de la disminución, sino también la rapidez con que se está produciendo.
En ese contexto, el envejecimiento poblacional constituye una de sus consecuencias más visibles. De acuerdo con el Censo 2024, en Chile viven 3.665.028 personas de 60 años o más, equivalentes al 19,8% de la población. Por primera vez, este grupo supera en número a los menores de 15 años.
Las proyecciones indican que las personas mayores representarían el 26,4% de la población en 2035 y el 36,5% en 2050. Hacia 2070, podrían constituir aproximadamente la mitad de los habitantes del país.
“Estamos pasando rápidamente de una población predominantemente joven a una población envejecida. La caída reproductiva acelera esta transformación demográfica y aumenta el peso de la población adulta mayor”, explica Mazzei.
Esta modificación también tendrá efectos sobre la educación, el mercado laboral y el financiamiento de los sistemas de protección social.
En el área educativa, la disminución de las nuevas generaciones reducirá progresivamente la matrícula escolar y, posteriormente, el número de jóvenes que ingresan a la educación superior y a la fuerza de trabajo. De hecho, el debate ya comenzó.
En el marco de la tramitación del Presupuesto 2027, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, reconoció que la reducción de horas docentes podría derivar en despidos de profesores, debido a la menor cantidad de estudiantes.
En conversación con Radio Infinita, el secretario de Estado sostuvo que esta realidad plantea “la necesidad bastante obvia de lograr mayores eficiencias”, entre ellas la eventual concentración de establecimientos educacionales.
Sin embargo, las consecuencias de esta transformación van mucho más allá de una reorganización de recursos y logística.

Fuente: Ciper
¿CUÁNTO SALE MANTENER A UN HIJO?
Aunque la disminución de los nacimientos suele asociarse con una menor disposición a tener hijos, los especialistas advierten que esta interpretación resulta insuficiente.
Para Marinella Mazzei, uno de los principales problemas es que las condiciones materiales de vida dificultan asumir un proyecto de crianza, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
El desempleo, la informalidad, los bajos salarios, la incertidumbre sobre la continuidad laboral y las dificultades para acceder a una vivienda constituyen obstáculos para una decisión que implica responsabilidades económicas y personales durante décadas.
“Muchos jóvenes tienen un equilibrio económico muy frágil y ven la decisión de tener un hijo como algo que puede poner en riesgo esa estabilidad”, señala la socióloga.
El costo de la crianza permite dimensionar esa preocupación. Un estudio de los investigadores Leonardo Hernández y Anja Uslar, de Clapes UC, estimó que criar a un hijo desde su nacimiento hasta los 25 años puede costar entre $78,5 millones para las familias del primer quintil de ingresos y $223,7 millones para aquellas pertenecientes al quinto quintil.
A ello se suman las dificultades para compatibilizar las responsabilidades familiares con el desarrollo profesional, una situación que continúa afectando especialmente a las mujeres.
Marcelo Ahumada Céspedes, jefe de carrera de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Santiago de Chile, sostiene que las políticas públicas todavía no responden adecuadamente a la magnitud del desafío.
A su juicio, los apoyos económicos resultan insuficientes frente al costo real de criar un hijo. Como ejemplo, cuestiona el subsidio de $30 mil por hijo propuesto por el Gobierno, contrastándolo con estimaciones que sitúan el costo mensual de la crianza en torno a los $595 mil.
El académico también apunta a las desigualdades existentes en los permisos parentales y al impacto que tiene la crianza sobre las trayectorias laborales femeninas.
En Chile, describe, los padres cuentan con cinco días de permiso por nacimiento, mientras que las madres disponen de un período considerablemente mayor, considerando el descanso posnatal y el permiso posnatal parental. Esta distribución, advierte Ahumada, refleja parte de las brechas que persisten en materia de corresponsabilidad. Pero esta problemática no termina con los permisos legales.

Fuente: France 24
Mazzei plantea que resulta fundamental preguntarse qué ocurre cuando finaliza el posnatal y las familias deben compatibilizar sus jornadas laborales con el cuidado cotidiano de niños y niñas. No todas las personas cuentan con redes familiares que puedan asumir esas tareas. Por ello, considera indispensables políticas como una sala cuna universal, mayores resguardos laborales y un sistema de cuidados que distribuya las responsabilidades de manera más equitativa.
“La maternidad es algo que te permite ver la doble cara del mundo. Por un lado, todos dicen que lo más importante son las niñeces, pero esto no se condice con las condiciones estructurales bajo las cuales se materna. En una sociedad adultocentrista como la nuestra, hay que postergar o desechar muchos proyectos en pos de compatibilizar la crianza. Y si bien esto se puede hacer con gusto —entendiendo que la prioridad deja de ser la vida individual—, muchos de esos planes podrían ser perfectamente compatibles en una sociedad más igualitaria y justa”, asegura Valentina.
UNA ARISTA DE UN PROBLEMA MÁS PROFUNDO
La transformación también tiene una dimensión cultural. Hoy existe una mayor libertad para cuestionar los mandatos tradicionales asociados a la maternidad y la paternidad, así como para desarrollar proyectos de vida que no necesariamente incluyen tener hijos, de ello dan cuenta los testimonios de Valentina e Isa sobre la posibilidad de elegir y de construir otras formas de vinculación afectiva y familiar.
No obstante, Marinella Mazzei pone el punto en que sería equivocado atribuir toda la caída reproductiva a una pérdida del interés por la maternidad o la paternidad. “Pareciera que nadie quiere tener hijos, pero esa no es necesariamente la realidad. Hay personas que genuinamente no quieren tenerlos, pero hay otras que, queriéndolo, ven ese proyecto sumamente complejo y difícil”, afirma.
Sin embargo, la socióloga considera que limitar las respuestas a ese ámbito significaría abordar sólo una parte del problema.
“La fertilidad y las dificultades para concebir son solo una arista de una problemática mucho más profunda, relacionada con factores estructurales que hoy dificultan la decisión de tener hijos”, subraya.
Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en cuestionar las decisiones reproductivas individuales, sino en garantizar que quienes desean tener hijos puedan hacerlo sin que ello implique poner en riesgo su estabilidad económica, sus oportunidades laborales o su desarrollo personal.
CHILE RENACE: ¿UNA RESPUESTA SUFICIENTE?
Frente a este escenario, el Gobierno presentó la Comisión Asesora Presidencial del Plan Chile Renace, integrada por 16 especialistas provenientes del mundo académico, organismos internacionales, centros de estudio, fundaciones y el sector privado. La instancia trabajará en propuestas para enfrentar la disminución de los nacimientos, considerando materias como el costo de la vida, la vivienda, los cuidados, la corresponsabilidad y la equidad de género.
Durante su presentación, la ministra de Desarrollo Social, María Jesús Wulf, reconoció que “el desafío demográfico de Chile no se resuelve con una sola medida”. Por este motivo, la secretaria de Estado indicó que la actual administración tiene la convicción de que se puede “comenzar a construir un país donde formar una familia sea posible para quienes desean hacerlo”, afirmó.
Si bien los especialistas valoran que el Estado haya incorporado el problema a su agenda, también advierten que las políticas destinadas exclusivamente a aumentar los nacimientos serán insuficientes si no consideran las transformaciones que ya están ocurriendo.
La subdirectora de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile enfatiza en que aun si la caída reproductiva lograra detenerse en el corto plazo, sus consecuencias continuarían manifestándose durante décadas. Por lo mismo, considera necesario "avanzar en políticas intersectoriales que permitan adaptar los sistemas económico, educativo, sanitario y previsional a una población cada vez más envejecida".
“Todo nuestro sistema económico, productivo y social fue diseñado para una población que no es la que tenemos ahora y tampoco es la que vamos a tener en el mediano y largo plazo”, advierte.
Marcelo Ahumada coincide en que el cambio demográfico obligará a transformar las políticas sanitarias. El aumento de personas mayores incrementará la demanda de atención de enfermedades crónicas, cardiovasculares y oncológicas, junto con nuevas necesidades de salud física y mental.
En ese contexto, sostiene que el sistema de salud "deberá adecuar su infraestructura, sus programas de formación profesional y sus mecanismos de financiamiento. A estos desafíos se agregan las desigualdades territoriales que afectan especialmente a las personas mayores, como la falta de especialistas en regiones, las dificultades de transporte en zonas rurales y las diferencias en infraestructura y accesibilidad urbana".
OPORTUNIDAD PARA REPENSAR EL PAÍS
La experiencia internacional demuestra que la disminución de la fecundidad no es exclusiva de Chile. Países como Alemania y Francia también registran niveles históricamente bajos, aunque la rapidez del proceso chileno plantea desafíos particulares.
Pero no todo es negativo. Para Marinella Mazzei, esta transformación representa una oportunidad para revisar las bases sobre las cuales se ha organizado el país. Entre los cambios necesarios menciona la adaptación del mercado laboral, el fortalecimiento de los sistemas de cuidados, la formación continua, la posibilidad de aprovechar durante más tiempo la experiencia de las personas mayores, mediante condiciones de trabajo adecuadas, entre otras adaptaciones.
También plantea la necesidad de transformar el sistema educacional para responder a una economía con menos trabajadores y mayores requerimientos de conocimientos y competencias. Pero estas modificaciones exigen una planificación de largo plazo y una coordinación entre distintas áreas del Estado.
“Es una oportunidad para pensarnos como una sociedad distinta. El mayor problema no son estas transformaciones, sino que no nos hagamos cargo de ellas y sigamos tomando decisiones de forma reactiva cuando los cambios ya están en curso”, concluye Mazzei.
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