Mientras las cifras oficiales muestran avances en algunos indicadores, la percepción de inseguridad continúa marcando la vida cotidiana de muchos chilenos. De acuerdo con el último Balance Nacional de Seguridad Pública, durante el primer semestre de 2026 los homicidios disminuyeron cerca de un 16% respecto del mismo período del año anterior. Sin embargo, el informe también evidenció un aumento en delitos como los secuestros, las violaciones y las lesiones graves, manteniendo la seguridad como una de las principales preocupaciones del país.
En este contexto, la exposición permanente a noticias sobre robos, homicidios, encerronas y otros hechos de violencia puede influir en la forma en que las personas interpretan la realidad. Aunque las cifras entregan una fotografía objetiva del fenómeno, la percepción de inseguridad suele construirse a partir de la información que las personas consumen diariamente, generando efectos como ansiedad, hipervigilancia y cambios en la vida cotidiana.
“Los datos son información objetiva, mientras que la percepción corresponde a una interpretación subjetiva de la realidad. Muchas veces las personas construyen esa percepción con la información que tienen más disponible, como las noticias, las redes sociales o los comentarios de su entorno, más que a partir de evidencia objetiva”, explica el psicólogo y docente de ADIPA, Roberto Marín.
CUANDO LA DELINCUENCIA CAMBIA LA FORMA DE VER EL ENTORNO
Robos, homicidios, encerronas y otros delitos forman parte de la agenda informativa prácticamente todos los días. Si bien mantenerse informado es necesario, la exposición permanente a este tipo de contenidos puede modificar la forma en que las personas interpretan su entorno.
“Comienza a instalarse una visión donde el mundo se percibe como un lugar permanentemente amenazante. El otro, especialmente quien no conocemos, puede transformarse en un potencial agresor, aun cuando no exista evidencia concreta para pensarlo así”, señala el profesional.
El especialista explica que esta forma de interpretar la realidad puede generar ansiedad, miedo e hipervigilancia, además de afectar la confianza hacia otras personas.
“Terminamos interpretando la realidad desde los extremos: quienes conocemos son personas seguras y los desconocidos representan una amenaza. Esa forma de pensar afecta la manera en que nos relacionamos y enfrentamos la vida cotidiana”, comentan desde ADIPA.
La percepción de inseguridad también puede traducirse en cambios concretos en el comportamiento diario.
“Muchas personas comienzan a recorrer la ciudad desde una actitud mucho más defensiva y reactiva. Dejamos de interpretar las situaciones desde la empatía y comenzamos a hacerlo desde el temor”.
Marín añade que algunos grupos pueden ser especialmente sensibles a este fenómeno, entre ellos los adultos mayores, por la creciente exposición a redes sociales y contenidos falsos o manipulados, los adolescentes, debido al alto consumo de plataformas digitales, y madres y padres, quienes suelen verse emocionalmente impactados por noticias que involucran a niños y adolescentes.
Consumir cada vez más noticias relacionadas con hechos violentos, modificar rutinas por temor o sentir que cualquier situación cotidiana representa un riesgo pueden ser señales de que la información está afectando el bienestar emocional.
“A veces incluso aparece la idea de comprar un arma para proteger a la familia. Sin embargo, eso habla más del nivel de miedo que está experimentando la persona que de una solución efectiva frente al problema”, enfatiza Marín.
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