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Cultura

“Mujeres en la nevera”: Cuando no saben darle un final a las protagonistas en la ficción

Muchos personajes femeninos del cine y las series contemporáneas siguen siendo violentados o eliminados no por su arco narrativo sino para activar la venganza, el dolor o la evolución de los protagonistas masculinos.

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  • Fabiana Chávez

  • Viernes 30 de enero de 2026 - 12:13

A lo largo de la historia del cine, el sufrimiento femenino ha sido utilizado reiteradamente como un atajo narrativo. El foco no está puesto en ellas, sino en lo que su pérdida genera en él.

No se trata de una técnica reconocida ni formal dentro del guion, sino de un recurso argumental que se repite con insistencia. Las mujeres de estas historias mueren, desaparecen o son brutalmente dañadas para provocar una reacción emocional en un personaje masculino. 

Este fenómeno es conocido como “Mujeres en la nevera”, un término acuñado a partir del cómic Green Lantern (1994), cuando el superhéroe encuentra a su novia, Alexandra DeWitt, asesinada y abandonada dentro de un refrigerador. 

La escena no buscaba desarrollar al personaje femenino, sino justificar la ira y la sed de venganza del héroe. Desde entonces, el recurso se ha replicado en múltiples narrativas, muchas de ellas icónicas.

SPIDERMAN: GWEN STACY

Uno de los ejemplos más emblemáticos. Su muerte marca un antes y un después en la historia del superhéroe y se convierte en uno de los momentos más recordados de la saga. Sin embargo, su función dentro del relato responde a la lógica del tropo, pues Gwen muere para que Peter Parker cargue con la culpa, el dolor y la responsabilidad moral que definirá su camino como héroe.

Aunque el personaje tenía presencia y desarrollo previo, su final sirve principalmente para reforzar el arco trágico del protagonista masculino. Gwen deja de existir como sujeto narrativo en el momento en que su muerte cumple el propósito de endurecer y transformar a Peter.

JOHN WICK: HELEN WICK

En esta entrega, el recurso se presenta de forma aún más explícita. La esposa del protagonista muere antes de que la historia realmente comience y su ausencia se convierte en la justificación total de la violencia que sigue. El personaje no tiene voz, ni historia propia dentro del film: su muerte es el detonante absoluto que habilita la masacre posterior.

El dolor de John Wick se construye a partir de esta pérdida, pero la mujer nunca es algo más que un recuerdo idealizado. Su existencia está definida únicamente por su función emocional dentro del arco masculino, reforzando la idea de que su rol en la narrativa era, desde el inicio, desaparecer.

BATMAN: MARTHA WAYNE

El caso de Batman es fundacional dentro del arquetipo del héroe trágico.

El asesinato de su madre, junto con el de su padre, es el evento que origina su cruzada contra el crimen. Aunque se trata de una escena breve y repetida en innumerables adaptaciones, su peso simbólico es enorme, ya que la pérdida materna se convierte en el trauma que define la identidad del personaje.

Si bien el relato incluye también la muerte del padre, la figura de la madre suele representarse como el símbolo de la inocencia destruida. Su asesinato no es explorado desde su perspectiva, sino como una herida emocional permanente en el protagonista masculino.

GLADIATOR: LA FAMILIA DE MÁXIMO

En este film, la muerte de la esposa e hijo de Máximo funciona como el motor central de la historia. Su ejecución brutal no busca profundizar en quiénes eran ellos como individuos, sino establecer el dolor y la rabia que justifican la transformación del protagonista en un guerrero impulsado por la venganza.

La familia de Máximo existe narrativamente solo en función de su pérdida. Su sufrimiento no se desarrolla ni se problematiza: es el sacrificio necesario para legitimar la violencia posterior del héroe.

¿POR QUÉ OCURRE?

La persistencia del tropo de “Mujeres en la nevera” evidencia una dificultad estructural del cine y las series para construir personajes femeninos con agencia propia. En lugar de explorar sus deseos, conflictos o trayectorias, muchas narrativas optan por convertirlas en dispositivos emocionales al servicio del viaje masculino.

Más que una simple coincidencia, este recurso revela una forma de contar historias donde el dolor femenino se vuelve funcional, prescindible y silencioso. Una tragedia que no busca ser comprendida, sino utilizada.

¿POR QUÉ CUESTA DARLES CIERRES A LOS PERSONAJES FEMENINOS POTENTES?

Para Leonardo Cabezas, encargado de Vinculación con el Medio y académico de Bachillerato Usach, esto sucede porque "se siguen perpetuando estereotipos muy arraigados".

"Se replica el arquetipo donde los personajes femeninos existen en función de los hombres; limitando su desarrollo autónomo. Se repiten patrones argumentativos con la excusa de que esa fórmula 'vende' o 'funciona', aunque las audiencias críticas ya estén cuestionándolos fuertemente", completó el también Comunicador Audiovisual y Guionista.

Además, a un nivel más profundo, el académico expresa que existe una falta de representación de escritoras/es. "si tenemos a guionistas que carecen de sensibilidad, empatía o experiencia con personajes femeninos o con las verdaderas historias de mujeres en primera persona, es más probable que no se construyan arcos completos sino que se recurra a recursos tradicionales y arcaicos".

¿QUÉ SE DEBE HACER PARA CAMBIAR ESE TIPO DE NARRACIÓN EN LAS MUJERES?

Hay varios cambios que se pueden hacer para cambiar este patrón a la hora de contar historias. Los fundamentales, para Leonardo Cabezas son "desarrollar personajes femeninos con independencia, metas, conflictos propios y arcos narrativos que no dependan de hombres para avanzar". 

"Diversificar quién es protagonista y qué historias se cuentan; el hombre no tiene por qué ser siempre el eje ni la mujer solo un simple catalizador emocional", señala el experto.

Finalmente, Cabezas destaca la necesidad de romper con el cliché de "damisela en apuros" y "dar espacio a personajes femeninos completos. El cambio cultural de nuestra sociedad nos obliga hoy a escribir con más conciencia de género, pensando a las mujeres no como instrumentos narrativos, sino como personajes complejos y autónomos. En definitiva: como seres humanos completos; como siempre ha debido ser", concluye.

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