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Diagnóstico de autismo en la adultez: Las señales claves para comprender una condición que puede pasar inadvertida

Tras la reciente revelación del cantante británico Robbie Williams a sus 52 años, el psiquiatra y académico de la Usach, Pedro Lucero, explica qué patrones permiten identificar esta condición en etapas maduras y por qué se debe evitar la simplificación del diagnóstico.

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  • Raúl Gutiérrez Velásquez

  • Martes 18 de agosto de 2026 - 17:45

Hace algunos días, el cantante de pop británico Robbie Williams, famoso por haber sido parte de Take That, y por éxitos de alcance mundial como “Angels”, “Rock DJ” y “Better Man”, contó que fue diagnosticado con autismo a sus 52 años, es decir, en plena adultez

El artista hizo la revelación durante el lanzamiento de la colección de ropa otoño invierno 2026 de su marca Hopeoum. “Tengo TDAH y acabo de descubrir que también tengo un poco de autismo, lo cual me encanta porque explica muchísimas cosas”, señaló. 

Su mediático caso no es único. Antes, el mundo supo de otros famosos del espectáculo que también se enteraron de que eran poseedores de esta condición ya de grandes: los actores Anthony Hopkins y Wentworth Miller (“Prision Break”) son solo algunos ejemplos. 

(Foto: TVN)

Y pese a que se haya escrito mucho sobre el autismo, igualmente llama la atención cuando el diagnóstico se conoce en la mayoría de edad. Ahora, ¿cuáles son los indicios que indiquen la presencia de esta condición durante la adultez? “Hay que aclarar que no existen señales aisladas que permitan determinar que una persona es autista”, señala a Diario Usach Pedro Lucero, psiquiatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago. 

“El diagnóstico se construye a partir de un patrón de características presentes desde etapas tempranas del desarrollo aunque muchas veces se hagan evidentes recién en la adultez”, complementa. 

Entre las luces que podrían dar cuenta de la presencia del autismo en personas mayores están las diferencias persistentes en la comunicación e interacción social (con dificultas para interpretar ciertas claves sociales implícitas), ironías o dobles sentidos, la sensación de tener que “aprender” conscientemente reglas de convivencia (que para otros parecen intuitivas), la dificultad para iniciar determinadas interacciones y una sensación frecuente de no terminar de encajar socialmente.

Lucero indica que a eso se puede agregar “intereses particularmente intensos o específicos, una marcada necesidad de predictibilidad y rutina, la dificultad ante cambios inesperados, conductas repetitivas o formas particulares de autorregulación y diferencias en el procesamiento sensorial (aumentada a determinados sonidos, luces, texturas olores o situaciones de alta estimulación)”.

A su vez, el psiquiatra sostiene que frente a lo mencionado es “importante evitar la simplificación”. “Ser introvertido, preferir rutinas, tener intereses intensos o sentirse incómodo en algunas situaciones sociales no significa inmediatamente ser autista. Para tener esa condición debe existir un patrón coherente de características de neurodesarrollo evaluado dentro de la historia completa de la persona”, dice.

SER DIAGNOSTICADO EN LA ADULTEZ

Pedro Lucero sostiene que, basado en su experiencia profesional, “cada vez se ven más personas que consultan y reciben un diagnóstico durante su adultez” y recuerda que, durante muchos años, “el conocimiento sobre esta condición estuvo fuertemente centrado en la infancia y en las presentaciones más evidentes. Eso hizo que mucha gente, particularmente aquellas con menores necesidades de apoyo o con buenas estrategias de adaptación, llegaran a la vida ‘de grande’ sin su evaluación certera”. 

El académico de la Facultad de Ciencias Médicas indica que en Chile se avanzado en reconocer esa realidad y resalta la vigencia de la Ley 21.545 (conocida como la “Ley de Autismo”) que establece una perspectiva de curso de vida y señala, expresamente, que el acceso al diagnóstico debe ser oportuno y sin discriminación de edad. “Además, existen orientaciones técnicas del Ministerio de Salud específicamente destinadas al abordaje integral de personas autistas adultas”, indica.

¿Qué se debe hacer ante una sospecha razonable? “Ahí lo recomendable es realizar una evaluación integral con profesionales que tengan formación en autismo en personas adultas. Aquí, el diagnóstico no debiera reducirse a completar un cuestionario en internet ni tampoco a depender exclusivamente del resultado de un instrumento”, sostiene Pedro Lucero y agrega que, si bien las escalas y evaluaciones estandarizadas pueden aportar información, estas “deben integrarse con una entrevista clínica, la historia del desarrollo, el funcionamiento actual, los antecedentes familiares y cuando es posible (y si el paciente lo autoriza) indagar en la información de personas que ellos hayan conocido en etapas tempranas de su vida”.

“Aquí el objetivo no es simplemente obtener una etiqueta diagnóstica, sino comprender mejor el funcionamiento del individuo y determinar que apoyos podrían resultar útiles”, dice. 

Ahora, ¿por qué el autismo puede pasar desapercibido hasta en etapas avanzadas de la vida? Lucero manifiesta que esto se da por la “existencia de una enorme heterogeneidad dentro del espectro autista”. “Hay personas cuyas características son evidentes desde la infancia y otras que desarrollan suficientes herramientas cognitivas y sociales para compensarlas durante muchos años”, complementa. 

A eso se suma que, al pasar los años, las exigencias van cambiando. El especialista Usach expresa que “una persona puede desenvolverse adecuadamente mientras su pasar es relativamente estructurado y comenzar a experimentar mayores dificultades cuando aumentan las demandas sociales, académicas, laborales o afectivas”.

Por otro lado, hay personas que reciben previamente otros diagnósticos (como trastornos de ansiedad, depresión o TDAH, que pueden ser correctos pero que no necesariamente explican la totalidad de su experiencia). Ante esto, Lucero señala que “el desafío clínico consiste en preguntarnos no solamente ‘qué síntomas tiene esta persona hoy’ sino como ha funcionado y experimentado el mundo a lo largo de su vida”.

Finalmente, Pedro Lucero señala que un buen diagnóstico está en el “autoconocimiento que le puede aportar a un paciente”. “Permite, por ejemplo, el reconocimiento  de necesidades sensoriales o sociales, la anticipación a situaciones difíciles y el desarrollo de estrategias de regulación adecuadas”, acota.

“También, facilita la comunicación con la familia, la pareja o el entorno laboral, pues explica necesidades que, anteriormente, podían interpretarse equivocadamente como desinterés, rigidez o falta de voluntad”, concluye.

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