Escuchar música, estudiar, trabajar o hacer ejercicio con audífonos se ha transformado en parte de la rutina diaria de millones de personas, especialmente entre jóvenes. Sin embargo, un hábito tan cotidiano como subir demasiado el volumen podría estar dañando la audición mucho antes de que aparezcan síntomas evidentes, advierten especialistas.
El académico de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, Cristian Poblete, explica que la pérdida auditiva provocada por la exposición prolongada a sonidos intensos suele instalarse de manera gradual, por lo que muchas personas no notan el problema hasta que el daño ya es importante.
"La audición generalmente no se pierde de un día para otro. Lo preocupante es que las primeras señales suelen pasar inadvertidas o se consideran normales, cuando en realidad son una advertencia de que el sistema auditivo está siendo sobreexigido", señala.
Entre los síntomas más frecuentes aparecen zumbidos o silbidos en uno o ambos oídos (tinnitus), sensación de oído tapado, dificultad para seguir conversaciones —especialmente cuando hay ruido ambiente— y la necesidad de aumentar cada vez más el volumen para escuchar con claridad. A esto también puede sumarse la llamada fatiga auditiva, una sensación de cansancio después de utilizar audífonos durante largos períodos.
Según el especialista, el problema no depende únicamente del volumen, sino también del tiempo de exposición. Mientras más horas permanezca una persona escuchando sonidos intensos, mayor será el riesgo de afectar las delicadas estructuras del oído interno encargadas de transformar las vibraciones en señales que llegan al cerebro.
"En etapas iniciales algunos efectos pueden ser transitorios, pero si la exposición continúa de manera repetitiva el daño puede hacerse permanente. Cuando eso ocurre, la pérdida auditiva suele ser irreversible y afecta principalmente la capacidad para escuchar sonidos agudos o entender conversaciones en ambientes con ruido", explica Poblete.
Otro error frecuente ocurre en lugares con mucho ruido, como el transporte público, gimnasios o calles concurridas. Muchas personas suben automáticamente el volumen para aislarse del entorno, sin considerar que esa decisión aumenta considerablemente la carga que recibe el oído.
Por ello, el académico recomienda utilizar el volumen mínimo necesario para escuchar con comodidad, realizar pausas durante el día y, cuando sea posible, preferir audífonos con cancelación de ruido, ya que permiten escuchar con claridad sin necesidad de elevar la intensidad del sonido.
Además, recuerda que la prevención sigue siendo la mejor herramienta para evitar una pérdida auditiva permanente, especialmente porque los daños suelen acumularse con el paso de los años.
"Si después de usar audífonos aparecen zumbidos, sensación de presión, molestias o cuesta entender conversaciones que antes eran normales, es recomendable reducir inmediatamente la exposición y consultar a un fonoaudiólogo para realizar una evaluación auditiva", enfatiza.
Finalmente, Poblete sostiene que la salud auditiva debería cuidarse con la misma atención que la salud visual o dental, especialmente considerando que los problemas de audición suelen avanzar de forma silenciosa.
"Muchas alteraciones comienzan sin que la persona las perciba. Por eso es importante no esperar a escuchar mal para consultar. Detectar cambios tempranos permite modificar hábitos a tiempo y disminuir el riesgo de desarrollar un daño permanente", concluye.
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