A pocos días del cambio de mando presidencial, el presidente saliente Gabriel Boric y el mandatario electo José Antonio Kast sostuvieron una reunión en el Palacio de La Moneda con el objetivo de retomar el diálogo y encauzar el proceso de traspaso de gobierno, luego de una semana marcada por tensiones entre ambas administraciones.
Desde el Patio de las Camelias, Boric explicó que el encuentro abordó diversos temas de Estado que consideró necesario compartir con la futura autoridad antes de dejar el cargo. Entre ellos, el trabajo de la comisión de verdad sobre los abusos ocurridos en el Servicio Nacional de Menores desde 1979. Según detalló, la instancia solicitó extender su funcionamiento y concluirá durante el mandato del futuro gobierno, en abril de 2027.
“Es un tema muy sensible, que ha tocado la fibra de Chile, y me parecía importante dárselo a conocer y que estuviera enterado de los detalles”, sostuvo el mandatario.
Por su parte, Kast señaló que ambos concordaron en realizar “todo lo necesario para que este sea un acto republicano de cambio de mando que revele la importancia que le entregamos a la institución de la República”, agregando que esperan que la ceremonia se desarrolle “con toda normalidad y como un acto ejemplar”.
En conversación con el programa Línea 1 de Radio Universidad de Santiago de Chile y TV Universidad de Santiago de Chile, la periodista y consultora en comunicación estratégica Paula Walker analizó el episodio y sostuvo que el nuevo encuentro entre ambos mandatarios contribuye a corregir una señal política que había generado incomodidad en la ciudadanía.
“Creo que esta pelea entre dos presidentes se ve súper mal, porque uno espera que las personas que van a dirigir el destino del país tengan al menos capacidades básicas. Y una capacidad básica es sentarse a conversar”, afirmó.
A juicio de Walker, el conflicto evidenció que la estrategia de tensionar públicamente el proceso de transición no fue bien recibida por la opinión pública. En ese sentido, citó los resultados de la encuesta semanal de Cadem, que mostraron rechazo ciudadano a la decisión de suspender el traspaso de mando.
“Un 57% de las personas dijeron que no les gustó esta iniciativa del presidente Kast de pararse de la mesa y dar unilateralmente por terminado el traspaso de mando”, señaló.
EL COSTO POLÍTICO DE ROMPER EL DIÁLOGO
La analista consideró que la estrategia de “no conversar” no fue premiada por la ciudadanía. “La estrategia de yo no converso contigo y yo decido solo, que es un poco la estrategia que intentó establecer con este hecho el presidente electo, no fue un camino que fuera premiado por la ciudadanía”, sostuvo.
En contraste, valoró la decisión de Boric de mantener abierta la posibilidad de diálogo pese al conflicto. “A mí me parece que lo que hace el presidente Boric es correcto, que es no renunciar a la posibilidad de dialogar hasta que las cosas se resuelven”, afirmó.
Walker también subrayó que el cambio de mando exige una señal institucional clara, especialmente en un escenario político marcado por tensiones y dificultades para alcanzar acuerdos. Recordó que el actual gobierno termina su mandato con niveles de aprobación en torno al 34% o 37%, según distintas encuestas, tras un periodo complejo que incluyó elecciones y plebiscitos prácticamente cada año.
“Los presidentes no gobiernan para un grupo pequeño de personas. Tienen que gobernar para la gran mayoría de los chilenos, para quienes votaron por ellos y para quienes no votaron por ellos”, planteó.
En ese contexto, la consultora sostuvo que el episodio también representa un aprendizaje para el presidente electo.
“El presidente electo tiró el mantel en La Moneda hace menos de una semana. Y lo que le pasó ayer es que tuvo que volver a La Moneda y aparecer junto al presidente Boric en un aprendizaje bien básico: que él ahora no representa solo a la fuerza republicana, sino que representa a Chile y, afuera de Chile, a todos nosotros”, indicó.
Finalmente, Walker advirtió que la ciudadanía espera señales de mayor capacidad de acuerdo por parte de la dirigencia política, especialmente tras los procesos constituyentes recientes.
“Lo que la gente quiere, a estas alturas de todo lo que nos ha pasado, es que exista capacidad para conversar y ponerse de acuerdo. La incapacidad para hacerlo no es una buena señal”, concluyó.
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