La multinacional Google alertó el cambio significativo en el uso malicioso de la inteligencia artificial (IA) y que los ciberdelincuentes y grupos de espionaje están ya utilizando sistemas cada vez más autónomos y más rápidos, capaces por sí solos de planificar, automatizar y ejecutar un ataque.
La tecnológica dio a conocer un informe elaborado por el Grupo de Inteligencia sobre Amenazas de la empresa, en el que revela cómo los atacantes están utilizando de manera masiva la inteligencia artificial para optimizar sus operaciones y cómo los ciberdelincuentes están logrando sustraer valiosa propiedad intelectual relacionada con la IA.
El informe "AI Threat Tracker" ('Rastreador de Amenazas con IA') que elabortó un grupo de expertos de la empresa estadounidense se publicó un mes después de que la compañía OpenAI anunciara la paralización de su nuevo modelo (Astra) tras concluir que alcanzaba un nivel “crítico” en ciberseguridad, que era capaz de identificar y desarrollar vulnerabilidades y de planear ciberataques de forma autónoma.
Los analistas de Google concluyeron que los casos de uso de “agentes” avanzados de IA dejaron de ser experimentales y ya no se limitan únicamente a la detección de vulnerabilidades y han constatado los múltiples incidentes que se han dirigido contra modelos y sistemas basados en IA en los sectores tecnológico, sanitario y de medios de comunicación y entretenimiento en Norteamérica y Europa.
LA IA, MULTIPLICADOR DE LA FUERZA DE LOS ATAQUES
Para satisfacer su creciente demanda de acceso a la IA, los atacantes están además robando credenciales y comprando capacidades en la “red oscura” (darknet), apunta el informe, que señala que algunos grupos criminales, principalmente de Rusia, China, Irán y Corea del Norte, están utilizando estas tecnologías para automatizar el robo de credenciales, crear código malicioso y realizar espionaje industrial.
Los analistas subrayaron la "preocupante" tendencia para comprometer la cadena de suministro de software, donde los delincuentes manipulan asistentes de programación y repositorios de código abierto, y además de explotar herramientas externas, están robando propiedad intelectual de IA y secuestrando recursos en la nube para ejecutar sus propios modelos.
La investigación concluye que la inteligencia artificial se ha convertido en un multiplicador de fuerza que permite ejecutar ataques complejos en cuestión de pocas horas.
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