A cuatro meses de iniciada la administración de José Antonio Kast, se reveló una cifra récord de pacientes en listas de espera para una cirugía en el sistema público.
Esta realidad quedó al descubierto tras el informe correspondiente al primer trimestre de 2026 del Ministerio de Salud, que registró 398.496 personas pendientes de una intervención, la cifra más alta desde que existen registros.
El número representa un aumento del 8% respecto del primer trimestre de 2026, equivalente a más de 28 mil nuevos pacientes, y un incremento del 7% en comparación con el cierre del año anterior.
Una realidad preocupante, ya que el último informe del Minsal también reveló que el número de personas en lista de espera volvió a aumentar un 3%, superando nuevamente los 2,5 millones de pacientes.
UNA HISTORIA DETRÁS DE LAS CIFRAS
Las estadísticas esconden miles de historias. Una de ellas es la de Doris, quien permaneció dos años y nueve meses en la lista de espera No GES para una cirugía de artrosis grado 4 en su rodilla derecha. El avanzado deterioro de la articulación le provocaba dolor permanente y una severa limitación para caminar, afectando profundamente su vida cotidiana.
Nunca entendió por qué su cirugía se postergaba si desde un comienzo el diagnóstico era grave. Cansada de esperar, buscó una segunda opinión. "Lo primero que dijo el traumatólogo al ver la resonancia fue: 'Esto hay que operarlo'", recuerda.
Finalmente, en 2025 recibió una prótesis de rodilla. A casi un año de su operación, aún experimenta molestias, pero asegura que la diferencia es significativa. "Hoy puedo trabajar y desenvolverme mucho mejor. El dolor que tenía antes era insoportable", comenta.
EL FOCO DEBE ESTAR EN EL TIEMPO DE ESPERA
Tras conocerse que cerca de 400 mil personas esperan una cirugía en el sistema público de salud, la titular de Salud, May Chomali, llamó a no centrar el análisis solo en el número de pacientes, sino también en el tiempo que cada a permanece aguardando una intervención.
Ese enfoque es compartido por especialistas, quienes sostienen que el verdadero problema no es la existencia de este mecanismo utilizado para ordenar la demanda asistencial, sino la excesiva duración de los tiempos que las personas deben aguardar para ser atendidos.
"El problema no es que existan, sino que esa espera se prolongue excesivamente. Ese indicador refleja mejor la realidad que enfrentan los pacientes", explica Cristián Rebolledo Díaz, jefe del Programa de Políticas, Sistemas y Gestión en Salud de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.
El académico sostiene que existe evidencia que demuestra que es posible reducir o incluso eliminar listas de espera para determinados grupos de pacientes. No obstante, advierte que el verdadero desafío es sostener esos resultados en el tiempo.
"Si una lista contempla mil personas y se logra atenderlas, el objetivo se cumple, el problema es que después ingresan nuevos pacientes. Por eso, para reducir realmente los tiempos de espera, las estrategias deben ser permanentes y sostenibles", afirma.
Una mirada similar tiene Angélica Verdugo Sobral, académica de Salud Pública de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile. La especialista señala que los países que han logrado disminuir sus listas de espera lo han hecho gracias a políticas de financiamiento estables y de largo plazo.
"La evidencia internacional muestra que algunos países han conseguido reducir sus listas de espera, pero lo han hecho destinando recursos permanentes, algo que en Chile no ha ocurrido", sostiene.
A su juicio, la derivación de pacientes al sistema privado, como lo ha planteado la ministra, puede aliviar parcialmente la presión sobre la red pública, pero no constituye una solución estructural.
"Las listas de espera se reducen con un financiamiento suficiente y permanente, con seguros de salud que respondan a las necesidades de la población y con un sistema público fortalecido", enfatiza.
Verdugo agrega que, además de mejorar la gestión hospitalaria, ampliar la capacidad de atención e incorporar incentivos para reducir los tiempos de espera, es necesario perfeccionar los criterios de priorización.
"No basta con considerar la gravedad clínica. También deberían incorporarse variables como la vulnerabilidad social y el impacto que la enfermedad tiene en la vida cotidiana de las personas. No es lo mismo una cirugía de rodilla para alguien que ya no puede trabajar o desplazarse con normalidad que para un paciente con una afectación menor", concluye.
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