Desde hace tiempo que venimos escuchando sobre la importancia que tienen las proteínas para nuestra dieta. Es más, la industria alimenticia suele reforzar que un mayor consumo de estas moléculas siempre es mejor debido al rol fundamental que estas tienen para el bienestar del cuerpo.
Por lo mismo, un artículo publicado por la revista científica Cell - hace solo algunos días- llamo la atención por afirmar que una revisión de 350 estudios científicos concluyó que un menor consumo de proteínas podría contribuir a una mejor salud y a una prolongación de la esperanza de vida.
“Las proteínas aportan beneficios al crecimiento muscular y a la respuesta al ejercicio de las personas activas, pero la mayoría de personas llevan una vida sedentaria y consumen más de las que necesitan, lo cual es negativo para su salud”, indicó a Cell, Dudley Lamming, investigador médico de la Universidad de Wisconsin-Madison.
Ahora, ¿esas deducciones son aplicables a todas las personas? “La respuesta es no”, indicó a Diario Usach, Daniela González, nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago. “La recomendación debe individualizarse según la edad, el estado de salud y el nivel de actividad física de cada individuo”, complementó.

La especialista aseguró que “en personas mayores, incluso si son sedentarias, el principal problema suele ser la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento, conocida como sarcopenia. Y en esos casos, la evidencia indica que necesitan una ingesta adecuada, e incluso mayor, para mantener su musculatura y funcionalidad, especialmente si es que realizan ejercicios de fuerza o si están recuperándose de una enfermedad”.
Por lo mismo, para González, el mensaje para gente que no realiza mucha actividad física no es que bajen la cantidad de ingesta de proteínas, “si no que su alimentación se ajuste a sus necesidades individuales”.
Las excepciones, afirmó la especialista, “estarían referidas a quienes padecen de la enfermedad renal crónica avanzada (no dializada) donde la restricción proteica puede ser necesaria, pero siempre bajo supervisión médica”.
En el artículo publicado por la revista Cell se sostiene que uno de los puntos clave en la relación menor ingesta de proteínas/mejor salud va de la mano el funcionamiento de la hormona Factor de Crecimiento Fibroblástico 21 (FGF21), cuyos niveles suben con un consumo proteico menor. “Tenerla alta es bueno para la salud de las personas”, dice la revista, ya que con esto se incrementa el gasto energético, se mejora el control de la glucemia y se reduce la inflamación.
“La FGF21 actúa como un sensor del estado nutricional”, expresó la académica Usach. “Cuando el organismo detecta una baja disponibilidad de proteínas, o de ciertos aminoácidos, aumenta la producción de la hormona. Su función es ayudar al cuerpo a adaptase a esa situación, modificando el metabolismo para utilizar mejor la energía disponible. O sea, forma parte de un mecanismo natural mediante el organismo responde a un déficit proteico”, acotó.
¿CUÁNDO SE DEBEN CONSUMIR PROTEÍNAS?
Ante esta pregunta, Daniela González, respondió que “las proteínas son indispensables para toda la vida”. Luego resaltó su necesidad para “la formación y reparación de tejidos, la mantención de la masa muscular, la producción de enzimas, hormonas y anticuerpos, además de contribuir a múltiples funciones del organismo”.
Es más, la nutricionista manifestó que existen etapas de la vida en que “la importancia del consumo proteico es mayor. Por ejemplo, para los adultos mayores, quienes realizan actividades físicas de manera regular, para la gente que tiene peligro desnutrición o de pérdida de masa muscular y para los individuos que se están recuperando de enfermedades o cirugías”.
¿Por qué? “Básicamente, una ingesta de proteínas ayuda a preservar la fuerza, la funcionalidad y la calidad”, indicó la académica.

¿Cuántas proteínas hay que consumir para lograr una vida saludable? Daniela González afirmó que eso depende del “caso a caso ya que no existe una cantidad única que sirva para todas las personas”.
En esa línea, la profesional explicó que “la recomendación clásica para adultos sanos menores de 65 años es de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día (peso saludable). Pero esa cifra corresponde al mínimo necesario para evitar deficiencias, no necesariamente a la cantidad óptima para un envejecimiento saludable”.
Para los adultos mayores sanos, “actualmente se recomienda consumir entre 1,0 y 1,2 gramos por kilo al día, ya que esto ayuda a mantener la masa y la función muscular. Y si existe enfermedad, fragilidad o riesgo de desnutrición, la recomendación es ir aumentando siempre con evaluaciones individuales”.
Finalmente, Daniela González destacó que, “la mayoría de las personas que llevan una alimentación equilibrada pueden cubrir sus requerimientos diarios con sus alimentos habituales sin la necesidad de gastar más dineros en productos con una alta presencia de proteínas o suplementos. No es bueno caer en esa creencia”, concluye.
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