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Desinformación, edadismo y riesgos: los prejuicios que rodean la sexualidad de las personas mayores

La falta de educación sexual y los estereotipos asociados a la vejez contribuyen a invisibilizar la vida afectiva y sexual de las personas mayores. Especialistas advierten que esta mirada también puede aumentar los riesgos frente a las infecciones de transmisión sexual.

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  • Fabián Escobar

  • Jueves 27 de agosto de 2026 - 12:10

Aunque la sexualidad suele asociarse a la juventud y a la etapa reproductiva, el paso de los años no implica el fin del deseo, la intimidad ni la vida afectiva. Sin embargo, los prejuicios asociados a la vejez, la falta de educación sexual y una baja percepción de riesgo frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS) mantienen esta dimensión de la vida de las personas mayores en un segundo plano.

Un estudio liderado por estudiantes de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), que evaluó a personas de entre 60 y 85 años de un centro comunitario de La Pintana, evidenció importantes vacíos en materia de educación sexual. La investigación detectó, entre otros aspectos, un desconocimiento sobre el propio cuerpo y la genitalidad.

La falta de información no significa, sin embargo, ausencia de interés. La mayoría de los participantes consideró que la sexualidad puede y debe continuar siendo parte de la vida durante la adultez mayor. Casi la totalidad señaló que nunca había recibido educación sexual orientada específicamente al envejecimiento y manifestó interés por conocer más sobre menopausia, disfunción eréctil, disminución del deseo y otras formas de vivir la intimidad más allá del coito.

Para Eduardo Gallegos, geriatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), una de las principales razones de esta invisibilización es cultural.

“Está llena de prejuicios, de estereotipos y de alguna manera eso hace que tendamos a pensar que al envejecer las personas dejan de tener deseo, que ya no tienen la capacidad de enamorarse o de necesitar intimidad, y por lo tanto como sociedad aceptamos con mucha naturalidad la sexualidad más en los jóvenes, pero nos cuesta reconocerla en una persona mayor de 70, 80 o incluso 90 años”, sostuvo el especialista a Diario Usach.

Esta situación también se refleja en la consulta médica. El doctor Gallegos advierte que los profesionales suelen preguntar a las personas mayores por aspectos como la prevención de caídas, la memoria, los medicamentos o las enfermedades cardiovasculares, pero pocas veces incorporan preguntas sobre su sexualidad. “Si no preguntamos y la persona por lo tanto también siente pudor de plantearlo, el tema simplemente no se abarca”, señala.

LA SEXUALIDAD CAMBIA, NO DESAPARECE

Frente a la idea de que la sexualidad tendría una fecha de término, el geriatra plantea una mirada diferente: “Desde la geriatría nosotros decimos que la sexualidad no desaparece con la edad, sino que se transforma”.

Los cambios pueden expresarse en la frecuencia o en las formas de vivir la sexualidad, pero no necesariamente eliminan el deseo, el afecto, el contacto físico, la intimidad o la necesidad de sentirse querido y deseado.

“Lo importante es poder vivir la sexualidad de una manera satisfactoria, segura y acorde con los propios deseos. Cuando hablamos de sexualidad tampoco estamos hablando solamente de relaciones sexuales con penetración. Hablamos también de que esto abarca la intimidad, el afecto, las caricias, el contacto físico, la compañía, el deseo y vínculo con otra persona” sostiene el experto.

Por ello, Gallegos enfatiza que una vejez saludable no puede medirse por la existencia o frecuencia de relaciones sexuales. “Hay personas mayores que desean mantener una vida sexual activa y otras que no, y ambas situaciones pueden ser completamente normales”, sostiene.

 EDUCACIÓN SEXUAL DURANTE TODO EL CURSO DE LA VIDA

La educación sexual, plantea el académico de la Universidad de Santiago de Chile, tampoco debería terminar con el fin de la etapa reproductiva.

Una educación sexual dirigida a personas mayores debería incorporar información sobre prevención del VIH y otras ITS, además del uso del preservativo. Pero también tendría que abordar los cambios fisiológicos propios del envejecimiento, como las modificaciones en la erección y los tiempos de respuesta sexual en los hombres, o la sequedad y las molestias genitales asociadas a la menopausia en las mujeres”, sostiene.

A ello se suman los efectos que pueden tener algunos medicamentos y enfermedades crónicas sobre la función sexual, además de aspectos como la salud mental, la diversidad sexual, el consentimiento y las distintas formas de intimidad.

La recomendación, sostiene Gallegos, es que estas conversaciones se desarrollen de manera individualizada, inclusiva y libre de prejuicios. “Siempre debemos hacerlo en un lenguaje respetuoso y sin infantilizar”, enfatiza. Esto implica no asumir que una persona de 75 u 80 años no tiene pareja, no puede iniciar una nueva relación o no mantiene actividad sexual.

 

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