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"Errar es humano, perdonar es divino”: El poder transformador que tiene renunciar al resentimiento

Dante Castillo, sociólogo de la Universidad de Santiago explicó los distintos conceptos que existen en torno al perdón y aclara que su concepción no proviene desde la religión. A su vez, indica los actos de resarcimiento ayudan a la extinsión del estrés crónico.

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  • Raúl Gutiérrez Velásquez

  • Viernes 8 de mayo de 2026 - 12:31

Hace 10 años, en 2016, la Encuesta Bicentenario UC – Adimark, indicaba que el 80% de los chilenos y chilenas creía que el país necesitaba más perdón. Además, los números expusieron que el 52% de los participantes sostenía que en sus propias familias se necesitaba perdón y que el 80% creía que “Dios” perdonaba todos los pecados.

Al igual que hace una década, hablar del perdón en el Chile de hoy es inmiscuirse en una temática amplia, a veces complicada y con muchas aristas que pueden ir desde las vivencias personales y llegar hasta materias de Estado (por ejemplo, las disculpas ofrecidas por el Estado en 1991, en voz del entonces presidente Patricio Aylwin por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet Ugarte).

Pero si consideramos el perdón como un acto personal, ¿cómo podemos abordarlo? “Mirar el concepto desde una perspectiva individual es relevante en las sociedades contemporáneas, porque implica alejarse de la visión meramente moral o religiosa para entenderlo como un proceso cognitivo, emocional y conductual y transformador”, explica a Diario Usach Dante Castillo, sociólogo y académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago.

El especialista sostiene que, desde una perspectiva psicológica individual, “el perdón puede entenderse como un proceso psíquico en el que una persona que ha sufrido una ‘transgresión’ injusta decide renunciar al resentimiento, la amargura y a unas respuestas de venganza, sustituyendo sus acciones por respuestas positivas, como la compasión o la benevolencia, hacia el ofensor”.

Castillo recalca que perdonar no se trata solamente de “olvidar una agresión”, sino que de disminuir el deseo de castigar al otro o de evitarlo permanentemente” y subraya que este acto de voluntad puede ser tomado como “un dispositivo emocional” que permite la disminución de dolor de una persona para que, esta misma, pueda pasar a un “estado de neutralidad o, eventualmente, de empatía”. 

Para el sociólogo francés, Émile Durkheim (1858 – 1917), “el perdón es un ritual social que busca sanar la ‘conciencia colectiva’”. Es decir, cuando una norma se rompe, el castigo la ratifica, pero el acto de perdonar reafirma la capacidad de la sociedad para trascender al conflicto”.

Ahora, desde el punto de vista político, la politóloga y filósofa alemana naturalizada estadounidense, Hannah Arendt (1906 – 1975) señaló que el perdón es una de las facultades humanas más políticas que existen porque es la única que permite “deshacer” lo hecho. Castillo explica este planteamiento indicando que sin la existencia del perdón “estaríamos encadenados para siempre a las consecuencias de nuestras acciones pasadas, imposibilitando un nuevo comienzo o una nueva sociedad”.

Y mirado desde la dimensión de poder, Dante Castillo indica que el perdón no es visto “como una transacción entre iguales”, ya que “implica una asimetría”. “Quien perdona tiene una autoridad moral para liberar al otro de su deuda social”, señala. 

Finalmente, en los tiempos actuales, el académico de la Facultad de Humanidades de la Usach manifiesta que “el acto de perdonar se analiza como una forma de generar capital social en la medida que las sociedades que desarrollen mecanismos de perdón, como las comisiones de la verdad o círculos de justicia restaurativa, suelen tener niveles más altos de confianza y estabilidad institucional”.

EL PERDÓN ¿ESTÁ VINCULADO A LA RELIGIÓN”

Pese a que el concepto de perdón es frecuentemente nombrado en rituales religiosos (por ejemplo, en los católicos), Dante Castillo explica que “el perdón no necesariamente tiene su origen en ese tipo de creencias”. El académico Usach comenta que esta importante acción se inicia hace siglos, con la finalidad de potenciar y mejorar las prácticas sociales. "Existe desde la antigüedad, debido a las acciones de venganza que habían, por lo que se comenzó a utilizar  para tener mejor cohesión de los grupos sociales”.

A su vez, técnicamente, perdonar se considera como una decisión valórica y una virtud ética, ya que implica la elección deliberada de priorizar valores como la compasión, la justicia restaurativa y la paz personal por encima del poder del más fuerte o la venganza por el daño recibido.

¿Y cómo se debe observar el perdón antes de la muerte? En este caso, Dante Castillo sostiene que, para el agredido, “el hecho de perdonar actúa como una liberación psicofisiológica al extinguir el estrés crónico y el ‘secuestro’ emocional del resentimiento, devolviéndole la autonomía sobre su presente. Y, para el agresor, representa una liberación existencial que rompe el ciclo de la culpa y permite la rehumanización de su identidad antes del fin de su vida”, concluye.

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