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¿Es cierto que el vino orgánico genera menos "caña"? Experto reveló la verdad sobre este popular mito

Andrés Leiva, académico del Departamento de Gestión Agraria de la Facultad Tecnológica de la Usach, profundizó sobre los requisitos normativos especiales que tiene su preparación y el proceso de vinificación que realizan.

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  • Belén Muñoz B.

  • Viernes 8 de mayo de 2026 - 10:51

  • agroorganico.info

El vino en Chile no es solo una bebida, sino un pilar fundamental de la identidad nacional, la cultura y la economía, consolidándose como un verdadero motivo de orgullo. Con más de 500 años de historia, esta industria es reconocida a nivel mundial.

A la hora de hablar del consumo en Chile, según estudios de Criteria para Vinos de Chile (2025), este brebaje es la segunda bebida alcohólica más consumida (61% de los consumidores de alcohol), pero con baja frecuencia: solo el 13%-16% lo bebe semanalmente.

De su producción vitivinícola destaca el Carménère como cepa emblemática, junto al Cabernet Sauvignon (caballo de batalla) y Sauvignon Blanc, pero la geografía aislada del país permite también una fuerte producción de vinos orgánicos y sustentables, que es producida con uvas cultivadas sin pesticidas, herbicidas ni fertilizantes químicos sintéticos, respetando la biodiversidad y los ciclos naturales del viñedo.

Este proceso busca armonía ambiental, certificando que tanto el cultivo como la vinificación mantienen baja intervención química para lograr sabores más auténticos.

Para profundizar sobre estos beneficios, Diario Usach conversó con Andrés Leiva, académico del Departamento de Gestión Agraria de la Facultad Tecnológica, quien indicó que "hay varias diferencias entre el vino orgánico y el resto (que hay en Chile)".

De entrada, señaló que "el vino orgánico debe cumplir requisitos normativos especiales, tanto a nivel de la producción de la uva en el campo, como también a nivel de proceso de vinificación posterior".

El profesional comentó que "en el campo, no está permitido el uso de insumos sintéticos (plaguicidas y fertilizantes), debiendo utilizar principalmente prácticas preventivas, control biológico y, en casos extremos, insumos naturales y debidamente autorizados por SAG para mantener la sanidad y nutrición de las plantas. Es muy común el aporte de materia orgánica al suelo a través de compost, guanos y otras fuentes naturales".

A nivel de proceso de vinificación, Leiva explicó que uno de los aspectos más relevantes de un vino orgánico es la "existencia de un límite a la adición de anhídrido sulfuroso (SO2), que resulta importante para aquellas personas alérgicas o sensibles a estos compuestos".

Además, indicó que los beneficios del vino orgánico son principalmente medioambientales, debido a la forma de cultivo de las plantas, el cuidado del suelo y la mejora en la biodiversidad dentro de los predios en los cuales se obtienen. "A nivel de producto terminado, ofrece garantías de trazabilidad, inocuidad y de menor impacto en la salud para personas alérgicas o sensibles a sulfitos", señaló. 

Sobre este brebaje orgánico se ha dicho mucho. Por ejemplo, que al tener menos aditivos químicos y, por lo general, menor cantidad de sulfitos, a menudo se procesa mejor por el cuerpo y puede resultar más ligero, lo que podría traducirse en una resaca o "caña" más leve. 

El académico Usach profundizó sobre esto y comentó que los  malestares que existen después del consumo de una bebida alcohólica tienen que ver con reacciones que tiene cada persona, debido a que se mezclan "factores de sensibilidad de cada persona al alcohol, con las cantidades consumidas y eventuales sensibilidades o alergias a los sulfitos, entre algunos factores. Por tal motivo, no es posible concluir que un vino orgánico, por el sólo hecho de ostentar esa calidad, genere menores malestares después de su consumo".

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