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Placer, tabúes y desconfianza: Las barreras ocultas que frenan el uso del preservativo en los chilenos

La investigación expone que el condón suele abandonarse en parejas formales por temor a proyectar sospechas de infidelidad, sumado a que un 41% de los hombres mantiene la creencia de que este método reduce el disfrute sexual.

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  • Diario Usach

  • Martes 23 de junio de 2026 - 16:02

Un nuevo estudio publicado en la revista Scientific Reports revela que el conocimiento sobre el VIH no es suficiente para cambiar las conductas de los chilenos.

La investigación, en la que participa el doctor Salvador Chacón Moscoso de la Universidad Autónoma de Chile, analizó los datos de la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género (ENSSEX)

A través de modelos de ciencias del comportamiento, primera vez aplicadas en Chile, los expertos buscaron entender las razones profundas detrás de las cifras de prevención en el país. 

Los modelos COM-B y el Marco de Dominios Teóricos (TDF) fueron las herramientas aplicadas para intentar comprender, en base a datos, qué facilita o desincentiva un comportamiento.

El informe resalta una marcada barrera cultural en Chile. Al consolidarse una relación estable, el preservativo suele abandonarse porque se vincula con la desconfianza o la sospecha de infidelidad.

Esta resistencia se refleja en que casi el 30% de los encuestados muestra ambivalencia sobre la necesidad de continuar usándolo dentro de una pareja formal.

A este panorama se suma un factor de percepción física, ya que el 41,6% de los hombres sostiene que el condón disminuye el placer sexual, una creencia calificada por el estudio como un obstáculo moderado, pese a que el 80% de los encuestados declaró que su principal motivación para usarlo es prevenir el VIH o las ITS.

“Hay una brecha clara entre la intención y la conducta real. Las personas quieren protegerse, pero factores emocionales, relacionales y sociales interfieren en el momento de actuar”, explica el equipo investigador a CNN Chile.

Respecto al examen de detección, el principal obstáculo no radica en la falta de acceso o en el temor al diagnóstico, sino en la baja percepción de riesgo personal. De hecho, el 68,3% de quienes no se testearon durante el último año justificó su decisión asegurando que no se sentían expuestos al virus.

Esta desconexión con la prevención también expone una marcada brecha de género en el sistema de salud. Mientras que el 68,7% de las mujeres ha consultado a un profesional médico sobre sexualidad o infecciones de transmisión sexual, apenas el 24,3% de los hombres ha realizado este tipo de consultas.

Por último, la investigación evidencia una clara paradoja informativa. El conocimiento general sobre el VIH es bastante elevado, ya que más del 85% de la población comprende que el condón previene la transmisión. 

Sin embargo, existe una ignorancia casi total frente a las herramientas biomédicas actuales, reflejada en que solo el 10,5% de las personas conoce la PrEP (Profilaxis Preexposición).

HAY QUE REVISAR LAS CAMPAÑAS

Los investigadores apuntan a que las campañas de concientización no deben limitarse a entregar información: “las estrategias centradas exclusivamente en entregar información probablemente son insuficientes. Se requieren intervenciones que aborden determinantes emocionales, sociales y estructurales del comportamiento”, como señala el Dr. Chacón-Moscoso.

“Las decisiones sexuales están profundamente influenciadas por factores culturales, emocionales y relacionales, y no solamente racionales. Por ejemplo, algunas personas pueden evitar sugerir el uso del preservativo para no generar conflictos o desconfianza dentro de una relación estable; otras pueden evitar hacerse el test por miedo al resultado o por vergüenza. Esto obliga a repensar cómo se diseñan las campañas preventivas y las estrategias de salud pública”, señalan, finalmente, los investigadores.

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