El kéfir, conocido popularmente en Chile desde hace generaciones como el “yogurt de pajaritos”, está viviendo un auténtico boom en el mercado nacional.
Lo que comenzó como una tradición de cultivo casero e intercambio solidario de nódulos, se ha consolidado como una de las principales tendencias en alimentación saludable en el país, llegando en masa a las góndolas de los supermercados.
Esta bebida milenaria, originaria de las montañas del Cáucaso, se produce mediante la fermentación de un líquido utilizando unos nódulos o gránulos especiales. Estos contienen una combinación viva de bacterias beneficiosas y levaduras que transforman la bebida original en un alimento rico en probióticos.
Daniela González, nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, profundizó sobre este tema y detalló que el kéfir "es una bebida fermentada de leche que contiene una comunidad de organismos como bacterias y levaduras".
La profesional señaló que, entre sus beneficios, está "su capacidad para modular la microbiota del intestino, favoreciendo algunas bacterias beneficiosas y contribuyendo a mejorar la digestión y la función de la barrera intestinal".
Agregó que "además, los microorganismos que participan en la fermentación pueden facilitar la digestión de la lactosa propia de la leche, por lo que algunas personas pueden tolerarlo mejor que otros productos lácteos".

Fuente: Istock
González reveló que existen también algunos beneficios metabólicos, como reducciones de la glucosa sanguínea, algunos marcadores de resistencia a la insulina, colesterol LDL y triglicéridos, además de efectos sobre algunos marcadores inflamatorios. "Es un alimento saludable, que puede formar parte de la dieta de las personas, pero no se debe presentar como un tratamiento médico", complementó.
¿SON IGUAL DE BUENOS LOS YOGURES DEL SUPERMERCADO?
Debido al boom que existe en la actualidad en el país, las principales cadenas de supermercados e industrias lácteas chilenas han incorporado el kéfir en sus góndolas, variando según su formato y aditivo.
En botellas de 1 litro o envases individuales, algunos endulzados o con sabores frutales, son múltiples las opciones que existen. Pero, ¿son igual de buenos que los clásicos "yogur de pajaritos" de los hogares?
La académica Usach comentó que "tanto los yogures comerciales como los elaborados comparten algunas caracteristicas comunes, pero existen diferencias en el procesamiento, la cantidad y viabilidad de los microorganismos, la composición nutricional y sobre todo de los ingredientes que se usan para su elaboración".
La académica reveló que la evidencia disponible sugiere que los yogures elaborados de manera tradicional (casero) pueden conservar mayores recuentos de cultivos vivos. En cambio, algunos productos comerciales pueden ser sometidos a tratamientos térmicos o incorporar conservantes, edulcorantes y otros aditivos que pueden modificar su perfil microbiológico y nutricional.
"Pero más que asumir que “casero es siempre mejor”, lo importante es revisar las características del producto en su etiqueta", acotó.

¿Cuántos de estos yogures se deben comer al día? González señaló que no existe una recomendación o una cantidad única de kéfir. "En los estudios clínicos se han usado cantidades bien diferentes, desde 100 hasta 600 mL al día. Es importante recalcar que se trata de un alimento y no un tratamiento terapéutico, por lo que la cantidad debe adecuarse a la tolerancia y características individuales. Es decir, partir de a poco 100 ml e ir aumentando su consumo para que nuestro organismo se acostumbre", afirmó.
Sobre en qué hay que fijarse antes de comprar los de los supermercado, Daniela González destacó que lo primero que hay que hacer es revisar la lista de ingredientes y la información nutricional.
"Conviene fijarse especialmente en la cantidad de azúcares, ya que existe una gran variabilidad entre productos. También es importante revisar si contiene cultivos vivos y qué tipo de microorganismos declara. Una recomendación super sencilla es preferir productos con una lista de ingredientes relativamente simple y evitar asumir que un producto es necesariamente probiótico solo porque lo indica su publicidad", señaló.
La académica Usach también indicó que "siempre debemos revisar la fecha de caducidad y las condiciones de conservación. Por otro, lado hay que tener cuidado con productos que se presentan como opciones “saludables” o “bajas en grasa”, porque la reducción de grasa no necesariamente significa que tengan menos azúcar. Podemos encontrar yogures bajos en grasa que pueden contener altas cantidades de azúcar".
¿SE LES PUEDE DAR A LAS MASCOTAS?
En los últimos años, el kéfir ha comenzado a despertar el interés como un posible complemento alimenticio para las mascotas, lo que a su vez ha generado diversas inquietudes sobre la seguridad de compartir este alimento con los canes y gatos, sobre todo ante las precauciones que deben tomarse si desean introducirlo en su dieta.

Sobre este tema, la nutricionista planteó de entrada que lo primero que se debe hacer es "consultar siempre con un veterinario si se quiere incorporar estos alimentos, especialmente en animales con alguna enfermedad o condición de salud, quien evaluará si es pertinente, ademas de la cantidad y la frecuencia".
Sobre sus beneficios en animales domésticos, detalló que "hay evidencia disponible de consumo de kéfir y yogur en perros y gatos, y lo que han mostrado es que que pueden producir modificaciones favorables en su microbiota intestinal sin que se hayan observado efectos adversos clínicos en los estudios realizados".
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