Considerado uno de los documentalistas chilenos de mayor reconocimiento internacional, Patricio Guzmán construyó una filmografía estrechamente vinculada con la historia, la memoria y las transformaciones del país. Desde "El primer año" (1972) y "La respuesta de octubre" (1972), hasta la trilogía "La batalla de Chile" (1975-1979), su obra dejó testimonio de uno de los períodos más decisivos del siglo XX.
La película, realizada a partir del material registrado junto al camarógrafo Jorge Müller —detenido y desaparecido en 1974—, contó con el montaje de Pedro Chaskel y el apoyo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Con el paso del tiempo, se convirtió en una referencia del cine documental político latinoamericano. La cinta luego sería exhibida en países de Europa, América, África y Asia, convirtiéndose en una de las obras esenciales de la trayectoria internacional del director.
Su presencia en festivales internacionales se mantuvo a lo largo de las décadas. En Cannes presentó obras como "El caso Pinochet" (2001), "Salvador Allende" (2004), "Nostalgia de la luz" (2010), "La cordillera de los sueños" (2019) y "Mi país imaginario" (2022).
Su trayectoria también estuvo marcada por importantes reconocimientos, entre ellos el Premio por la Paz de la Berlinale por "En nombre de Dios" (1988), el galardón a Mejor Documental de la European Film Academy por "Nostalgia de la luz" (2010), el Oso de Plata de Berlín por "El botón de nácar" (2015) y el L’Œil d’Or (El Ojo de Oro) de Cannes por "La cordillera de los sueños" (2019).
Por su legado, el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam (IDFA) le dedicó una retrospectiva en 2019 y lo reconoció como Invitado de Honor, definiéndolo como “una de las pocas leyendas vivas del cine documental” y destacando su capacidad para transformar la historia de Chile en una reflexión de alcance universal.
En el año 2023 recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales. Anteriormente, Raúl Ruiz era el único cineasta en haber obtenido el reconocimiento.
Alexandra Galvis, productora chilena de las últimas películas del documentalista, en conversación con La Tercera reveló que estaban trabajando en un nuevo largometraje sobre el espacio, los viajes en el tiempo y la exploración entre universos, del que “se filmó harto”, aseguró.
Además, recordó que conversaron una semana antes del fallecimiento de Guzmán, ocasión en la que planearon la venida del director a Chile. “Estábamos pensando que él viniera y que íbamos a adaptar todo a lo que él necesitara, porque al final las películas dependían de él, de nadie más”, dijo.
Sin embargo, su legado trasciende las películas. A un mes de su fallecimiento, quienes conocieron su trabajo y participaron de los espacios que impulsó destacan también su generosidad como formador, su particular manera de relacionar la política con la poesía y su compromiso con la difusión del cine documental.
MAESTRO DE NUEVAS GENERACIONES
A fines de los años 70 y comienzos de los 80, cuando todavía era adolescente, la directora y montajista, Coti Donoso, tuvo su primer acercamiento al cine de Patricio Guzmán. Por entonces vivía en Concepción y, a través de organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos humanos, llegó a su casa una copia en VHS de "La batalla de Chile", trilogía documental que registró el proceso político y social que culminó con el golpe de Estado de 1973.
“Cuando vi 'La batalla de Chile' me impactó profundamente. Éramos un grupo de amigos adolescentes que admirábamos profundamente a Patricio Guzmán. Su cine me marcó tanto que fue determinante para que, después de estudiar Psicología, decidiera estudiar cine y dedicarme al documental”, recuerda.

Fuente: LVQS - Jorge Müller y Patricio Guzmán durante grabación de 'La Batalla de Chile'
Aquella experiencia no fue excepcional. En una época en que buena parte de la historia reciente permanecía ausente del debate público, las películas de Guzmán permitieron a distintas generaciones acercarse a acontecimientos que marcaron profundamente al Chile.
Durante los años 90, Donoso tuvo la oportunidad de conocer personalmente al director a través de Nueva Imagen, productora que reunió a una generación de jóvenes realizadores interesados en desarrollar nuevas formas de hacer cine documental. Por entonces, Guzmán ya contaba con una trayectoria internacional importante, pero mantenía un vínculo cercano con quienes comenzaban a abrirse camino en el oficio.
“Patricio fue una persona muy generosa. Iba a Nueva Imagen y nos daba una especie de clases o seminarios exclusivos. Nos formaba, nos mostraba películas y nos acercaba a un cine documental que nosotros no conocíamos”, relata.
Los encuentros permitieron a la actual coordinadora académica del Magister en Cine Documental de la FCEI de la U. de Chile y sus compañeros descubrir documentales de creación, principalmente europeos, que se alejaban de las formas narrativas más próximas al reportaje que conocían hasta entonces. En definitiva, Guzmán les mostró que el documental podía constituir una expresión artística capaz de combinar observación, creatividad y reflexión.
“Él me hizo entender que este formato también tenía que ver con la poesía, con la creatividad, con la observación y con una serie de elementos que yo no había descubierto hasta entonces”, sostiene.
Para Donoso, esa época fue determinante en su formación y en la de otros cineastas que comenzaron sus carreras durante aquella década: “Nos marcó a toda una generación de documentalistas chilenos. Los que en los años 90 teníamos 20 años y hoy somos parte de una especie de vieja guardia estamos profundamente influenciados por su cine”, afirma.
ENTRE POLÍTICA Y POESÍA
Aunque su nombre permanece estrechamente asociado a "La batalla de Chile", la filmografía de Guzmán también se caracterizó por una evolución hacia formas narrativas más personales, en las que la memoria histórica dialoga con los paisajes, la naturaleza y las experiencias individuales.
Marcelo León, director de la Cineteca Nacional, plantea que esta capacidad constituye uno de los principales rasgos de su obra: “Patricio Guzmán es un autor que une lo político con lo poético, y esa es una mezcla maravillosa para aproximarse a los acontecimientos históricos y sociales”.

Esa perspectiva también es destacada por Martín Castillo, director artístico de Fidocs, quien conoció el trabajo de Guzmán durante su etapa escolar, cuando una profesora de Historia le mostró fragmentos de "La batalla de Chile". El descubrimiento lo llevó posteriormente a explorar otras películas del director, en las que encontró una manera singular de relacionar disciplinas y experiencias aparentemente distantes.
Para Castillo, una de las mayores virtudes del realizador está en su capacidad para conectar los grandes acontecimientos históricos con las emociones y los recuerdos individuales. Su cine “tiene una capacidad muy especial para conectar lo macro y lo micro, los hechos y las emociones, el pasado con el presente. Conectar algo tan grande como el universo con algo tan íntimo como el recuerdo de una persona”, explica.
En ese sentido, la memoria “no es solamente algo que se remite a lo nostálgico, sino que justamente te activa y te remueve para pensar en qué Chile estamos viviendo y quiénes somos hoy”, complementa Marcelo León.
PROMOTOR DEL OFICIO

Fuente: Agencia uno
“Tal vez este modesto evento sirva de apoyo a nuestros propios creadores (que en su mayoría trabajan en solitario, sin mucha ayuda económica y con pocas referencias universales). Tal vez estimule las vocaciones documentales entre los nuevos alumnos de las escuelas. Puede que llame la atención de nuestros programadores de televisión hacia otro tipo de obras que hoy día —sin duda— desconocen”.
Estas palabras son de Patricio Guzmán. Las expresó en la jornada de inauguración de la primera edición del Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs) y que interpretan el espíritu del evento que este año cumple tres décadas.
La alocución da cuenta que la influencia del director tampoco se limitó a la realización cinematográfica. En 1996 impulsó esta iniciativa que permitió acercar al público nacional a películas y realizadores que hasta entonces tenían escasos espacios de exhibición en el país.
Para Coti Donoso, la creación del festival fue una prolongación natural de la vocación formativa que el director había demostrado durante sus encuentros con jóvenes documentalistas. De las primeras versiones del festival, recuerda que reservaba una semana completa para asistir a las funciones, motivada por la posibilidad de descubrir películas que difícilmente habría podido conocer de otra manera.
“Guzmán hizo un verdadero trabajo de hormiga para formar audiencias. Al principio éramos pocas personas en las salas”, relata.
Con el paso de los años, esa realidad comenzó a transformarse. Las funciones fueron convocando a más espectadores y el festival se consolidó como un espacio de encuentro para realizadores, estudiantes y públicos interesados en el género.
Martín Castillo destaca que desde sus orígenes el director entendió que un festival no debía limitarse a exhibir películas, sino también promover instancias de formación y diálogo. Por ello, junto con convocar a invitados internacionales, abrió espacios para estudiantes de cine y organizó seminarios que permitieron acercar a nuevas generaciones al trabajo documental.
“Creo que esa generosidad, esa idea de que el cine es un lugar de encuentro y reflexión, es algo que nos guía como festival hasta el día de hoy”, remarca.
Una visión compartida por Marcelo León, quien también integró el equipo del festival y tuvo la oportunidad de conversar con Guzmán sobre el desarrollo de la iniciativa. Recuerda que el director observaba con satisfacción cómo aquel proyecto, que había creado “con muchas expectativas, se había convertido en un festival consolidado y reconocido internacionalmente”, señala.
A tres décadas de su creación, el certamen representa una contribución concreta al desarrollo del documental chileno por parte de Guzmán.
Para el director artístico de Fidocs, el desafío actual es mantener la idea de que el cine es “un espacio de encuentro y reflexión, en un contexto donde cuesta cada vez más sostener espacios culturales (...) En tiempos donde circulan tantas imágenes falsas, creemos que es fundamental reivindicar el poder de las imágenes documentales”, remarca.
Para celebrar los treinta años, durante octubre se está realizando “Camino a FIDOCS 30”. Iniciativa que contará con once funciones de cine gratuitas y donde se rendirá homenaje a su fundador, Patricio Guzmán. Entre las obras exhibidas, se incluyen "El primer año" y "Chile, la memoria obstinada" del director chileno, y clásicos de autores como Chris Marker y Werner Herzog.
CONTRADICCIONES, HERIDAS Y TRANSFORMACIÓN

A un mes de su partida, el legado de Patricio Guzmán permanece tanto en las imágenes que registró como en las generaciones de cineastas y espectadores que contribuyó a formar. Su obra, junto con conservar testimonios fundamentales de la historia reciente, propuso una manera de observar el país desde sus contradicciones, sus heridas y sus posibilidades de transformación.
Para Marcelo León esa es precisamente una de las razones por las que las nuevas generaciones deberían acercarse a su filmografía. “Ver la obra de Patricio Guzmán es una oportunidad para conocer Chile: sus luchas, su sabiduría popular, sus paisajes, sus heridas y su historia”, afirma.
Por su parte, Martín Castillo coincide en que sus películas mantienen una vigencia que trasciende los acontecimientos que retratan, ya que “su cine invita a mirar con atención, a hacerte preguntas y a entender que la memoria también tiene mucho que ver con el futuro”, concluye.
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