No es la primera vez que esto ocurre en Chile, pero siempre impresiona ver la aparición de socavones. Es cosa de recordar el colapso de los terrenos aledaños al edificio Kandinsky, ubicado en los campos dunares de Reñaca en agosto de 2023, y de observar los considerables hundimientos de terreno que acaban de generarse en la Ruta F-30 E de Puchuncaví y en el camino Los Pinos (que une Viña del Mar y Concón). Todo eso, en medio del intenso sistema frontal que afecta a gran parte del país.
Técnicamente, un socavón se entiende como la depresión de un terreno a raíz de la eliminación de material existente debajo del suelo y que se presentan como un derrumbe o colapso gradual. Y que tal como resalta el Servicio Geotécnico de los Estados Unidos, su aparición en lugares poblados siempre puede generar tragedias humanas.
Desde lo ocurrido con el edificio Kandinsky en 2023, construido en suelo dunar, que el “ojo” de la opinión pública se dirigió hacia las problemáticas que genera la construcción en superficies que no parecen ser tan estables para los findes habitacionales. Y hoy, con los socavones que nuevamente aparecieron en la V Región, en medio de los temporales, vuelve a surgir la interrogante de la factibilidad de edificar sobre superficies arenosas.

Para entender la calidad de dichos suelos, Diario Usach conversó con Ayaz Alam, doctor en Geología y académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago. El especialista explica que “un campo dunar es, en esencia, un depósito de arena suela y poco cohesiva formado por procesos eólicos de edad geológicamente reciente. Y que, a diferencia de los suelos rococos o de relleno compactado, presenta baja capacidad de soporte, alta permeabilidad y una marcada vulnerabilidad a la erosión frente a flujos concentrados de agua”.
Es más, mirando la situación que hoy está ocurriendo en la zona costera del centro del país, el geólogo asevera que “los propios informes del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), sobre el campo dunar de Concón-Reñaca (correspondientes a los años 2005, 2010 y 2012), advirtieron de manera específica que la construcción de edificios en altura sobre esos terrenos iba a incrementar la carga sobre el sustrato inestable y que podría reactivar los procesos eólicos y de remoción en masa que originalmente se mantenían estabilizados por la cubierta vegetal”.
El académico Usach comenta que "esos mismos documentos califican la zona como de alto peligro por las remociones en masa no canalizadas, es decir, movimientos de arena en bloque cuando un flujo súbito de agua la satura, sin que existe un cauce definido que permita el escurrimiento”.
El profesional asevera y agrega que “los documentos indican que el tránsito de vehículos pesados durante la etapa de urbanización agravaría el deterioro y la erosión del sustrato”.
Ayaz Alam explica que los hechos que hoy estamos viendo apuntan a que “los suelos dunares pierden cohesión con relativa facilidad en condiciones de saturación hídrica (como los actuales temporales). Una vez que el agua encuentra una vía de infiltración concentrada, ya sea una grieta, una zanja o una tubería rota, el material puede vaciarse internamente, formando cavidades que terminan por colapsar en superficie. Y eso es lo que que da origen a un socavón arenoso”.
EL PAPEL DE LOS COLECTORES LLUVIAS
El académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago recuerda que el informe que el Sernageomin elaboró en 2023 tras el colapso del edificio Kandinsky, explicita que “el gatillante fue que el sistema de colectores de aguas lluvias entre Concón y Reñaca fue sobrepasado con ‘creces’ por las intensas precipitaciones que ocurrieron entre agosto y septiembre de ese año”.
Ese mismo patrón climático se ha repetido en 2024, 2025 y ahora en 2026, razón por la cual, autoridades del Servicio Nacional de Prevención y Respuestas ante Desastres (Senapred), el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MOP), el Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), la Dirección de Obras Hidráulicas y el propio Sernageomin, estén realizando un monitoreo permanente de los colectores construidos después de los hechos de 2023 y, básicamente, porque tal como indica Ayaz Alam, “los bypasses, o las soluciones provisorias, han vuelto a fallar con la ocurrencia de sistemas frontales”.

El académico recuerda que, en Puchuncaví, el socavón de la Ruta F-30 E se originó cuando una gran cantidad de agua ingresó al alcantarillado que estaba en ejecución para Maitencillo, hecho que, a su vez, provocó una filtración a través de una grieta existente. "Es decir, nuevamente nos encontramos ante una falla en el manejo del agua asociada a una estructura subterránea y no ante un fenómeno geológicamente puro”, dice el especialista.
De esta manera, el patrón es claro: “en suelo dunar, un colector subdimensionado, mal mantenido o dañado, no solo provoca inundación superficial (como ocurriría en otros tipos de suelo) sino que el agua se infiltra y erosiona el interior del depósito de arena, generando cavidades subterráneas que permanecen invisibles hasta que la superficie colapsa. Esto convierte al dimensionamiento y al mantenimiento de los colectores en un factor determinante, mucho más que en otro tipo de terrenos, para prevenir la formación de socavones”, asevera el especialista.
LA IMPORTANCIA DE LA PLANIFICACIÓN URBANA
Ayaz Alam indica que el informe realizado por la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados sobre el Campo Dunar (aprobado en 2024), identificó falencias concretas que según el académico, hoy “siguen vigentes”.
“En primer lugar, los planes reguladores comunales no incorporan los campos dunares como zonas de riesgo o de remoción en masa, pese a que la Ley General de Urbanismo y Construcción permite, y en ciertos casos, exige, esa categorización cuando existan antecedentes de peligro geológico”.
Como segundo punto, el académico expone “la ausencia de un Plan de Manejo del Santuario de la Naturaleza Campo Dunar que delimite un área de amortiguación en coordinación entre municipios, propietarios y vecinos, razón por la cual la Cámara de Diputados solicitó al Ministerio de Medio Ambiente definirlo con urgencia”.
El académico Usach explica que, en tercer lugar, están "los informes técnicos de Sernageomin de 2025 y 2012, solicitados en su momento por la Municipalidad de Concón, los que sí fueron considerados por esa entidad, evitando la edificación en el sector de Reñaca Norte, pero que no tuvieron el mismo efecto vinculante en la planificación de las comunas colindantes”.

Para Ayaz Alam esto explica “la asimetría que hoy observamos”. “No hay edificios por el lado de Concón pero si los hay por el sector que corresponde a Reñaca y Viña del Mar".
El experto acota que "en síntesis, el vacío no se provoca por falta de información técnica, ya que esos documentos existen desde hace más de una década, sino que por la ausencia de mecanismos que obliguen a traducir ese contenido en instrumentos de planificación territorial vinculantes, como los planes reguladores comunales y la zonificación de riesgo, de manera uniforme entre comunas vecinas que compartan un mismo campo dunar”.
VACÍO LEGAL
Consultado por la existencia de falencias legales que permita una regulación más eficiente para la gestión integrada de las zonas costeras, Alam responde de manera enfática: “sí, hay un vacío”.
Agrega que “Chile no cuenta con una Ley de Costas que establezca una gestión integrada de dichos territorios. Según el diagnóstico del Observatorio de la Costa de la Pontificia Universidad Católica y del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riego de Desastres (Cigiden), la protección del dominio público en la costa chilena alcanza, en la práctica, solo hasta la “línea de playa”, atendida como el límite hasta donde llegan las olas en las mareas más altas. Todo lo que queda en tierra, adentro de esa línea, incluyendo los campos dunares, humedales y marismas, pueden ser propiedad privada y quedar sujeto al régimen general de urbanización, sin una normativa especial para resguardo”.
El académico indica que, a lo señalado, se suma que “la actual Política Nacional de Usos del Borde Costero fue creada en un contexto distinto al que vivimos hoy".
Alam comenta que dicha política nacional "tiene aplicación limitada y no incorpora criterios vinculantes a la adaptación al cambio climático, la resiliencia ante desastres ni la protección de ecosistemas costeros. Tampoco existe una categoría legal de zona de alto riesgo de desastre aplicable de forma homogénea a los campos dunares a nivel nacional”.
Te puede interesar
Sistema frontal: Colegio de Profesores afirma que el Gobierno está llegando...
Martes 21 de julio de 2026
Gendarmería realiza traslados de condenados por derechos humanos a cárcel...
Martes 21 de julio de 2026
Pioneros en Europa: Francia aprobó la prohibición de redes sociales para menores...
Martes 21 de julio de 2026
