No es solo una enfermedad caracterizada por dolor y lesiones en la piel. Quienes han desarrollado herpes zóster suelen describirla como una descarga eléctrica y que el simple roce de la ropa, el contacto con el agua o movimientos rutinarios resultan complejos de tolerar, llegando a tener dificultad para caminar y para llevar a cabo actividades cotidianas.
El herpes zóster es causado por la reactivación del virus varicela-zóster (VVZ), el mismo que causa la varicela. El problema, según diversos estudios, es que puede tener complicaciones graves y duraderas, especialmente en mayores de 50 años, segmento que en su mayoría tiene este virus latente en su sistema nervioso, pudiendo reaparecer con el avance de la edad debido a que la respuesta del sistema inmunológico a las infecciones se debilita o en aquellos que viven con condiciones de salud crónicas tales como enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica, diabetes, asma o EPOC. Cuando esto ocurre, puede generar inflamación no solo a nivel de los nervios, sino también en las paredes de los vasos sanguíneos, lo que podría explicar su asociación con eventos cardiovasculares graves 8.
Estudios clínicos han demostrado que las personas con enfermedades cardiovasculares tienen un riesgo +34% de desarrollar herpes zóster de forma severa. Asimismo, el virus aumentó los riesgos de la combinación de eventos cardiovasculares, accidente cerebrovascular e infarto de miocardio en un 41%, 35% y 59%, respectivamente.
Al respecto, el inmunólogo Pablo Herrera, advierte que “la evidencia científica indica que el virus y la respuesta inflamatoria que induce puede afectar directamente el endotelio vascular, la capa interna de nuestros vasos sanguíneos, favoreciendo su inflamación que aumenta el riesgo de formación de coágulos y hemorragias. Esta inflamación puede comprometer arterias clave, incluidas aquellas que irrigan el cerebro y el corazón, elevando el riesgo de trombosis, oclusión, infarto, aneurisma o hemorragia, complicaciones que también se asocian con la enfermedad cardiovascular”.
Estudios de investigación indican que existe una asociación directa entre la activación del virus y pacientes con hipertensión arterial, cardiopatía isquémica o insuficiencia cardíaca, presentando hasta un 30% más de riesgo de desarrollar herpes zóster, comparados con pacientes sin esas comorbilidades.
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