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¿Existe el “síndrome post vacaciones”?: Experta explica por qué cuesta retomar el ritmo tras el descanso

El regreso al trabajo, las clases y las exigencias económicas activan cambios en el cerebro que pueden generar irritabilidad, fatiga y desmotivación transitoria.

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  • Diario Usach

  • Martes 24 de febrero de 2026 - 11:52

Con la llegada de marzo, miles de personas en Chile experimentan una sensación común: cuesta retomar el ritmo. La vuelta al trabajo, el inicio del año escolar, la reorganización familiar y las exigencias económicas se combinan en un escenario que muchos llaman “síndrome post vacaciones”.

Sin embargo, ¿existe realmente como diagnóstico? La psicóloga y académica de ADIPA, María José Jeldres, explica que no se trata de una categoría clínica formal. “No aparece en manuales, pero es una etiqueta popular que intenta describir un conjunto de síntomas transitorios asociados al retorno a la rutina, como irritabilidad, baja motivación, cansancio y desánimo”, señala.

Más que un síndrome, agrega, se trata de un proceso de reajuste adaptativo. “El problema no es volver a la rutina; es cómo estábamos antes de salir de ella”.

¿QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO CUANDO TERMINAN LAS VACACIONES?

El retorno implica un cambio brusco en distintos sistemas psicológicos y biológicos. Durante el descanso se alteran los horarios, disminuyen las demandas cognitivas y predomina la recompensa inmediata. En marzo, en cambio, se reinstalan estructuras, límites y esfuerzo sostenido.

“Hay un cambio en el ritmo circadiano, en la activación cognitiva y en el sistema motivacional. El cerebro necesita reordenar hábitos, foco y energía. Esa fricción temporal muchas veces se interpreta como malestar”, explica Jeldres.

En Chile, además, marzo no solo marca el regreso laboral. También supone una reestructuración total: organización familiar, horarios escolares, ajustes presupuestarios y nuevas expectativas personales.

Uno de los elementos más repetidos en esta época es la sensación de haber perdido libertad. Durante enero y febrero suele aumentar la percepción de autonomía: horarios más flexibles, menor exigencia y mayor tiempo personal.

“Marzo reinstala estructura y responsabilidades. Psicológicamente, todo límite se vive inicialmente como pérdida, incluso cuando es necesario para organizarnos. No es que marzo sea negativo, sino que implica una transición desde mayor flexibilidad a mayor exigencia”, explica la académica de ADIPA.

Entre las manifestaciones o síntomas más comunes se encuentran: Irritabilidad, fatiga mental, dificultad para retomar horarios, sensación de desmotivación, ansiedad anticipatoria, y sensación de “no querer empezar”.

POCA CARGA LABORA, PERO MUCHO CANSANCIO

Según la experta de ADIPA, el cansancio no depende únicamente del volumen de trabajo, sino del esfuerzo cognitivo que implica reorganizar la vida cotidiana.

“Volver a planificar, organizar, priorizar y tomar decisiones activa funciones ejecutivas que consumen mucha energía mental. Aunque la carga objetiva no sea alta, el cerebro está reinstalando rutinas y eso genera fatiga”.

Lo mismo ocurre con los hábitos. Durante las vacaciones cambian los contextos y señales que activan conductas automáticas. Al regresar, el cerebro necesita reconstruir esas claves, un proceso que requiere tiempo y consistencia.

Ahora bien, si el malestar persiste por varias semanas o es particularmente intenso, podría estar reflejando desgaste previo, insatisfacción laboral o sobrecarga sostenida. “En esos casos ya no hablamos solo de adaptación estacional, sino de un malestar más estructural que merece atención”, advierte la profesional.

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