Escuchar una canción melancónica, una y mil veces, puede tener un potente efecto en la persona. Según un estudio realizado por científicos alemanes, la música triste genera patrones de actividad y pensamientos introspectivos en nuestro cerebro.
Los especialistas aseguraron que estas canciones pueden contribuir a potenciar capacidades como la resolución de problemas, la creatividad e incluso combatir enfermedades neuropsiquiátricas como la depresión.
El análisis, liderada por la investigadora Dra. Liila Taruffi, se realizó a 216 personas, entre hombres y mujeres. En el estudio, los participantes, con sus ojos cerrados, escucharon extractos musicales cortos, de alrededor de 30 segundos, que evocaban alegría o tristeza y que ellos desconocían antes del estudio.

Luego de terminar de escuchar el corto musical, debían reportar su experiencia mediante preguntas precisas que determinarían tanto el nivel de divagación mental, como qué tipo de pensamiento tuvieron.
Para evaluar qué tan enfocados estaban los pensamientos de los participantes del estudio y así obtener información sobre el grado de divagación mental de estos, se les preguntó: ¿Dónde estaba tu atención justo después de que la música se detuviera?, debiendo seleccionar a continuación, una opción dentro de una escala con valores desde 1 (solo en la música) hasta 7 (nada en la música).
Además, los participantes debieron evaluar qué tanto les agradó cada extracto musical y otras preguntas, con las cuales los científicos evaluaron el contenido de lo que pensaron tras escuchar la música.
De esta manera, la investigación demostró que el tipo de contenido de los pensamientos dependía de si el participante escuchaba música triste o alegre, siendo en el caso de la música triste, significativamente mayor el nivel de divagación mental en comparación con la música alegre.

Palabras como “triste”, “agua”, “naturaleza”, “amor”, “emoción” eran las más frecuentes en los reportes de personas que escucharon melodías tristes; mientras que “feliz”, “baile” y “verano” eran las más reportadas por personas que escucharon melodías alegres.
En el estudio se demostró que los efectos de la música sobre los pensamientos no dependían del tempo de la canción. Los científicos además midieron la actividad cerebral de regiones que trabajan en conjunto durante tareas cognitivas de divagación. Se demostró que estas regiones tenían una mayor actividad concertada cuando los participantes escuchaban música triste, lo que indica que efectivamente, nuestro cerebro activa las áreas asociadas a los pensamientos de divagación cuando escuchamos música triste.
Con esta investigación, el estudio demostró que las melodías tristes evocan la misma actividad cerebral presente en estados de divagación y pensamiento introspectivo.
Los autores sugieren que estos estados permitirían potenciar la creatividad y la resolución de problemas, por lo que este tipo de música serviría para generar un ambiente apto para potenciar estas habilidades y mejorar la calidad de vida, tanto en personas sanas como en pacientes con enfermedades neuropsiquiátricas.
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