Aunque la temporada de vacaciones suele asociarse al relajo y la recuperación de energías, cada vez más personas regresan a sus rutinas con la sensación de no haber descansado lo suficiente. El motivo no siempre está en la falta de días libres, sino en la dificultad para desconectarse del trabajo, incluso lejos de la oficina.
La hiperconectividad, el uso permanente del celular y una cultura laboral que normaliza la disponibilidad constante aparecen como factores claves en este fenómeno.
Así lo explica Jaime Olivos, psicólogo y académico de ADIPA, quien advierte que el cerebro se acostumbra a la estimulación permanente del entorno digital y al estado de alerta propio de las exigencias laborales. “Nuestro cerebro se habitúa a la estimulación constante del celular. Las notificaciones activan circuitos de recompensa, como la dopamina, y generan hábitos difíciles de romper. Aun estando en la playa, muchas personas sienten la compulsión de revisar el teléfono o pensar en pendientes laborales. Es un patrón aprendido que produce ansiedad cuando intentamos desconectar”, señala.
Este escenario se ve reforzado por la llamada telepresión laboral, entendida como la sensación de tener que responder mensajes o correos de manera inmediata, incluso fuera del horario de trabajo. Para Olivos, esta presión invisible termina afectando directamente la calidad del descanso y la salud mental durante el verano.
El especialista también advierte que tomarse pocos días libres no garantiza una recuperación real. “Para lograr un descanso psicológico es necesario el desapego mental del trabajo. Eso suele alcanzarse con periodos de vacaciones que van entre los 7 y 15 días en adelante. Puedes estar físicamente fuera de la oficina, pero seguir rumiando problemas laborales. Ese descanso no sirve. El factor clave es dejar de pensar en el trabajo y permitir que los sistemas de alerta bajen las revoluciones”, enfatiza.
Una mirada complementaria aporta Dominique Karahanian, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor, quien explica que la dificultad para “apagar” el modo laboral tiene raíces tanto psicológicas como culturales. “Para muchas personas el trabajo no es solo una fuente de ingresos, sino también una parte importante de su identidad. Sentir que la valía personal está ligada a la productividad o a estar siempre disponible hace que desconectarse genere culpa o ansiedad”, sostiene.
A esto se suma una cultura que normaliza la conexión permanente y que asocia el descanso prolongado con flojera o falta de compromiso. “En ese contexto, parar no se siente natural, sino casi incorrecto”, advierte Karahanian.
Identificar cuándo el descanso no está siendo efectivo también es clave. Según la académica, una señal frecuente es que “el cuerpo está de vacaciones, pero la cabeza no”. Pensar constantemente en el trabajo, revisar correos “por si acaso”, sentir irritabilidad o volver con el mismo nivel de cansancio son alertas claras de que la desconexión no se logró.
Ambos especialistas coinciden en la necesidad de resignificar el descanso. “No es un premio ni un lujo, es una necesidad básica para la salud mental y física. Descansar permite regular el estrés y sostener la vida laboral y personal en el tiempo”, plantea Karahanian.
En cuanto a recomendaciones prácticas, Olivos y Karahanian sugieren avisar con anticipación que se estará de vacaciones, desactivar notificaciones laborales y evitar revisar el correo electrónico, ya que esto reactiva el estrés. También destacan la importancia de no llenar cada día de actividades y permitirse bajar el ritmo. “El descanso no siempre es hacer cosas. A veces implica aburrirse un poco y reconectarse con lo que da placer”, explica la académica.
Finalmente, establecer límites claros antes de salir de vacaciones resulta fundamental. Dejar tareas organizadas, delegar responsabilidades y aclarar los tiempos de disponibilidad reduce la ansiedad y evita interrupciones innecesarias. “Cuando una persona cuida sus límites, también contribuye a instalar una cultura laboral más saludable, donde descansar no es un problema, sino parte del buen trabajo”, concluye Karahanian.
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