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Investigación

Efecto Matilda: La invisibilización a los logros, descubrimientos y trabajos de mujeres científicas

A lo largo de la historia, muchas mujeres han visto silenciado su nombre e incluso cómo sus trabajos se atribuían a los hombres ocultando sus aportaciones al mundo.

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  • Gabriela Aravena

  • Viernes 6 de marzo de 2026 - 11:33

Cada 8 de marzo se conmemora el día de la mujer. Fecha que reconoce la lucha histórica de millones de mujeres por la equidad de derechos. No fue hasta 1975 cuando la Organización de las Naciones Unidas instauró esta fecha como la conmemoración global en honor a las huelgas y movilizaciones protagonizadas por mujeres trabajadoras que exigen mejores condiciones laborales, derechos políticos y garantías sociales.

Uno de los lugares en donde las mujeres han debido luchar para abrirse paso es en la ciencia. Y no por falta de talento o de exponentes, sino por falta de reconocimiento.

Es aquí donde surge un fenómeno denominado Efecto Matilda, en el cual se ignora o se minimiza la contribución de las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología en el espacio público, en la historia y en las instituciones.

El sociólogo Robert Merton planteó el término Efecto Mateo para referirse al fenómeno en el que los científicos masculinos son más famosos y tienen puestos de mayor visibilidad. Siendo más reconocidos y recibiendo más recursos por ello.

Posteriormente, la académica feminista Margaret Rossiter analizó lo escrito por Merton, descubriendo que su artículo se realizaba sobre la base de investigaciones que había realizado una colega mujer, pero que ella solo aparecía en las notas al pie.

Así, Rossiter descubrió un efecto inverso al descubierto por Robert Merton, el cual llamó Efecto Matilda. Esto en honor a Matilda Joslyn Gage, sufragista norteamericana que luchó por la defensa de los derechos de las mujeres y cuyas contribuciones fueron ignoradas por años.

¿QUÉ SUCEDE EN CHILE?

En los premios nacionales de Ciencias Exactas, sólo han existido tres ganadoras, María Teresa Ruiz (1997), Dora Altbir (2019) y Mónica Rubio (2021), versus los 15 hombres han recibido este premio desde 1993.

Además, sólo tres mujeres han ganado el premio de Ciencias Naturales -Cecilia Hidalgo, Mary Therese Kalin Arroyo y Fabiola León-Velarde - y ninguna se ha llevado el galardón en Ciencias Aplicadas y Tecnológicas desde su creación hace treinta años. 

Para Carla Hernández, académica en el Departamento de Física de la Usach, en nuestro país “aún es posible identificar manifestaciones del efecto Matilda, aunque muchas veces no son evidentes ni explícitas”. 

La también investigadora adjunta del Núcleo Milenio YEMS explica que no se trata de que “alguien quite directamente el crédito a una mujer, sino de dinámicas más sutiles como menor visibilidad en espacios de toma de decisión, menos invitaciones como expositoras principales, menor reconocimiento público o mayor exigencia para validar la autoridad científica de una mujer”.

La experta relata a Diario Usach que “muchas académicas hemos vivido situaciones que reflejan este fenómeno, como por ejemplo, con interrupciones más frecuentes en reuniones, cuestionamientos adicionales a nuestras decisiones, o la necesidad de demostrar constantemente competencias que en colegas hombres se presuponen”.

“Muchas veces nuestras opiniones no son consideradas hasta que un colega hombre coincide o expresa su acuerdo. Son experiencias que no siempre quedan registradas en estadísticas, que incluso a veces pasan desapercibidas, pero que forman parte de la cultura académica y persisten”, lamenta la académica.

Sin embargo, Carla Hernández reconoce que en nuestro país se ha avanzado en esta materia. “Hoy existe mayor conciencia institucional sobre las brechas de género. Organismos como la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) han incorporado lineamientos de equidad, y muchas universidades cuentan con políticas de género, comités paritarios y protocolos más claros”, aclara.

La experta valora a las nuevas generaciones y al crecimiento en la visibilidad de las científicas en medios y espacios públicos, “sobre todo por iniciativas de divulgación científica que contribuyen de forma importante a esto. Las nuevas generaciones ya no conciben la ciencia como un territorio exclusivamente masculino, y eso es un cambio cultural significativo”.

Por otro lado, Hernández pide no olvidar que, pese a todos los avances, “las brechas y barreras estructurales persisten, especialmente en cargos de alta dirección, liderazgo de centros de investigación y toma de decisiones estratégicas. La representación mejora en etapas iniciales de la carrera, pero disminuye a medida que se asciende en jerarquía académica. Ahí todavía tenemos un desafío pendiente”.

¿CÓMO SE SUPERA?

La académica indica que es fundamental “entender que el efecto Matilda no es un problema de mujeres, es un problema del ecosistema científico, y que, por ende, nos impacta como sociedad. Abordarlo es importante porque implica fortalecer la calidad, la diversidad y la innovación en la ciencia del país”.

Por otra parte, señala la importancia de los mecanismos: “necesitamos transparencia en los procesos de evaluación y promoción académica. Los criterios deben ser claros y considerar trayectorias diversas, incluyendo factores como tiempos de cuidado y maternidad que impactan en las trayectorias académicas”.

La acadénica destaca también la importancia de darle visibilidad a referentes femeninos desde la escuela. “Cuando niñas y jóvenes ven científicas liderando proyectos, dirigiendo centros o comunicando ciencia, se desarrolla un sentido de pertenencia”, acota.

La experta concluye que lo más importante es cambiar la narrativa que existe sobre la ciencia. “La investigación no es obra de “genios individuales”, sino de comunidades colaborativas. Reconocer esa dimensión colectiva también ayuda a distribuir el crédito de manera más justa”, puntualiza.

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