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Del "tuto" al celular: Cómo los dispositivos digitales afectan la regulación emocional infantil

Con un acceso cada vez más temprano a internet, expertas alertan sobre una práctica asociada a una mayor reactividad emocional y enojo a largo plazo. Académica de la Usach advierte que usar celulares o tablets para calmar o evitar el aburrimiento reduce la tolerancia a la frustración y frena el desarrollo de la autorregulación en niños y niñas.

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  • Sebastián Seymour Tapia

  • Miércoles 24 de junio de 2026 - 17:37

La tecnología digital, las redes sociales, internet y, más específicamente las pantallas, están cada vez más presentes en nuestras vidas. Según UNICEF, en el informe Kids Online Chile de 2022, el 58% de niños, niñas y adolescentes reportó haber obtenido su primer celular con internet antes de los 10 años; y la edad promedio de acceso bajó de 11 años en 2016 a 8,9 años en 2022. Además, el 87% indicó contar con celular propio con acceso a internet.

Otros datos nos aclaran que la tecnología no solo está más presente, si no que ya forma parte de la vida escolar, social y emocional de la niñez y la adolescencia. La Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024 reportó que el 54% de adolescentes declara usar redes sociales más de tres horas al día y que el 42,7% mira el celular o tablet todos los días después de acostarse; además, el 15,1% señaló haber sufrido cyberbullying en los últimos 12 meses.

De esta manera, en Chile los padres tienen cada vez más herramientas para tratar con el aburrimiento de sus hijos más pequeños, que progresivamente han abandonado el clásico "tuto", manta o el peluche, conocidos como “objetos de transición” desde la dependencia hasta la independencia emocional y física, por las pantallas.

Desde Diario Usach, conversamos con Francisca Jaque, académica de la Escuela de Psicología de la Usach, sobre qué es exactamente un objeto transicional, qué impacto tiene en la vida de los infantes y cómo deben usarse. 

“Un objeto de transición cumple una función psicológica de puente entre la dependencia del cuidador y la autonomía emocional del niño. Estos objetos permiten que el niño tolere gradualmente la separación, manteniendo una sensación de continuidad emocional cuando la figura de apego no está físicamente presente”, nos comentó Francisca. 

El objeto de transición no solo es un simple juguete, pues “el peluche o la manta pueden convertirse en una presencia simbólica que ayuda a calmar, dormir, explorar ambientes nuevos y organizar emociones intensas”.

Jaque también destaca que estos objetos deben ser físicamente maleables, con texturas y olores específicos: “La textura, el olor y la temperatura hacen que el objeto tenga una cualidad familiar. No es un estímulo cualquiera: está asociado a rutinas de cuidado, sueño, contención y presencia adulta. La investigación sobre tacto afectivo en la infancia muestra que el contacto físico suave se relaciona con procesos fisiológicos de regulación, como la actividad vagal y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, indicadores relevantes para la autorregulación”

La académica advierte sobre las consecuencias que puede tener el reemplazo de los objetos de transición por las pantallas. “La literatura reciente habla de regulación emocional digital parental: el uso de pantallas para regular emociones negativas de niños pequeños. Estudios longitudinales advierten que esta práctica puede asociarse con mayor enojo, mayor reactividad emocional y menor control esforzado en el tiempo”.

Uno de los beneficios del "tuto", peluche o manta es que es un objeto pasivo, en el cual el niño o la niña debe imaginar, proyectar, narrar y simbolizar. Además, pueden atribuir emociones, cuidarlo, conversar con él o usarlo como soporte para elaborar lo que van sintiendo.

“La pantalla funciona de modo diferente: responde, se mueve, emite sonidos, cambia de imagen y entrega recompensas rápidas. Cuando se usa de manera sistemática para evitar el aburrimiento, reduce las oportunidades para que el niño practique espera, juego libre, imaginación y tolerancia a la frustración” advierte la académica.

Finalmente, el gran problema con el reemplazo del objeto de transición por las pantallas reside en que el niño aprenda una secuencia muy rígida: “me frustro, recibo pantalla, desaparece el malestar”.

Esa secuencia puede disminuir oportunidades para desarrollar lenguaje emocional, tolerancia a la espera, manejo de la frustración, juego autónomo, búsqueda de apoyo humano y control inhibitorio”. 

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