“Me duele la espalda". Esa frase debe ser una de las más escuchadas en Chile y, de seguro, en más de alguna ocasión es probable que usted mismo la haya dicho. No es una dolencia menor, ya que según informó la Revista Médica de la Clínica Las Condes este problema afecta a un 32% de la población, del cual un 85% afirma sufrir molestias crónicas.
Pero, ¿cómo se entiende, técnicamente, un dolor de espalda? En conversación con Diario Usach, Jorge Cancino, kinesiólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, explica que esta condición “se define como dolor localizado en cualquier zona de la columna vertebral, desde el cuello hasta la región lumbar, acompañado frecuentemente de rigidez y limitación funcional. No es una enfermedad única, sino un síndrome musculoesquelético donde pueden intervenir músculos, ligamentos, discos intervertebrales o articulaciones”.
El profesional afirma que los dolores de espalda surgen por causas que son combinadas. “Ahí entran las sobrecargas mecánicas (como levantar pesos o por gestos repetitivos); desgaste degenerativo (artrosis o hernias discales); tensiones musculares prolongadas o por irritación nerviosa”, dice Cancino y complementa señalando que “factores como el sedentarismo, la debilidad del core y el estrés elevan la sensibilidad al dolor”, convirtiendo episodios que son agudos en persistentes".

CUANDO EL DOLOR SE VUELVE CRÓNICO
Para entender cuando una molestia en la espalda se convierte en un malestar crónico, Jorge Cancino da una señal clave: la persistencia de un dolor durante un periodo que supere los tres meses o si reaparece, recurrentemente, en, al menos, seis meses, superando el tiempo habitual de recuperación de los tejidos. “A diferencia del dolor agudo (brusco y autolimitado), el crónico implica cambios neuroplásticos en el procesamiento de la aflicción física”, indica.
“La molestia crónica se denomina dolor persistente y su sintomatología presenta múltiples factores y cambios en diversos sistemas del cuerpo, como son el sistema neural y el músculo esquelético entre otros”, explica el kinesiólogo.
Y aquí aparece un punto clave: como este tipo de males tiene un impacto significativo en la vida de las personas, el dolor de espalda crónico si constituye una enfermedad (independiente del que haya sido su origen inicial).
LA MALA POSTURA ¿INFLUYE EN EL DOLOR DE ESPALDA?
Muchas veces, las molestias físicas en la espalda se asocian a una mala postura. Sin embargo, el kinesiólogo Jorge Cancino recalca que eso no es un factor único. “Mantener posiciones prolongadas e inadecuada (encorvamiento o una inclinación anterior sin soporte) incrementa la presión sobre discos y tejidos, generando fatiga muscular y rigidez”, afirma.
A su vez, si esto se combina con sedentarismo y debilidad del tronco, se facilita el dolor. En esta línea, el académico Usach expresa que en una sociedad moderna, como la nuestra, “las cargas acumulativas diarias, las horas sentado, las pausas insuficientes y el estrés son más influyentes en los dolores de espalda que una postura aislada”.
En lo que respecta al país, Cancino reafirma la cifra que indica el 32% de la población padece dolor persistente, en donde el 65% corresponde a molestias de origen muscoesqueléticas asociadas principalmente a lumbalgias y artrosis. “A nivel de la columna, la zona lumbar (es decir, la que soporta el peso corporal en actividades diarias y laborales) es la más afectada”, dice.

El envejecimiento poblacional, sedentarismo, obesidad y demandas físicas o sedentarias prolongadas pueden acelerar el desgaste. Tanto así que el académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago sostiene que “la metáfora de ‘echarse mucho peso en la espalda’ captura bien esa realidad: cargas físicas, emocionales y sociales que se manifiestan en la columna”.
Ahora, ¿este tipo de dolor se puede aliviar? Ante este pregunta, el kinesiólogo Jorge Cancino tiene buenas noticias: “Sí. Incluso las molestias crónicas se pueden eliminar. El enfoque va desde la aplicación de métodos rápidos hasta el manejo sostenido de manera multifactorial con ejercicios terapéuticos (aeróbicos, fortalecimientos del core, funcionales, trabajos manuales, reeducación postural y progresión de cargas), educación (comprender los mecanismos de la afección) y ajustes en la vida”. La prevención, en tanto, debe considerar actividad física y educación laboral) y accesos a programas integrales que integren kinesiología, medicina y salud mental.
Finalmente, Cancino afirma que el dolor de espalda crónico “es la causa global de discapacidad y ausentismo, con un alto costo en consultas, fármacos y productividad. En Chile, su prevalencia justifica priorizarlo”.
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