El uso del tiempo libre ha dejado de ser un aspecto residual para convertirse en un pilar del bienestar subjetivo en la vejez. Según el reporte N°43 del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, titulado “El tiempo libre y el ocio en la vejez: usos, significados y desigualdades”, el ocio en Chile hoy está marcado por una fuerte concentración de actividades en el entorno inmediato de la persona mayor y una reorganización selectiva de actividades a medida que se avanza en edad.
Los resultados del reporte evidencian que el ocio en la vejez trasciende la simple ocupación del tiempo, siendo un factor clave para la salud mental y la integración social.
No obstante, el estudio advierte que el descanso sigue siendo un recurso profundamente desigual: el nivel socioeconómico y la sobrecarga de labores de cuidado restringen el acceso al tiempo libre, afectando principalmente a las mujeres e impidiendo que el derecho al disfrute se ejerza de forma equitativa.
ENTRE LA PANTALLA Y LA CONVERSACIÓN
La radiografía del uso del tiempo, basada en la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), destaca que el uso de medios de comunicación es la actividad más transversal de la población mayor, alcanzando una participación del 98%.
En un día tipo, ver televisión o videos lidera las prácticas recreativas con un 91% de alcance y una dedicación promedio de 2 horas y 14 minutos, seguida por la interacción social presencial que convoca al 77% de las personas mayores. Por otro lado, el descanso exclusivo o la meditación ganan terreno con el avance de los años, llegando a involucrar al 61% de quienes superan los 80 años.
DESIGUALDADES DE GÉNERO Y SOCIOECONÓMICAS
El reporte identifica que el acceso a un ocio con propósito no es una elección puramente individual, sino que está condicionado por barreras estructurales y desigualdades de género acumuladas. Las mujeres aparecen sobrerrepresentadas en perfiles de ocio restringido debido a la persistente sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que no cesa en la vejez.
Esta realidad se traduce en que las personas que realizan tareas domésticas descansan, en promedio, cerca de 45 minutos diarios menos que quienes no tienen esa carga. Asimismo, la brecha educativa se manifiesta como el factor más pronunciado en la participación social, donde quienes poseen educación superior destinan más de media hora diaria adicional a actividades grupales y deporte frente a quienes cuentan con educación básica.
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