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Mundial de literatura: El álbum que convirtió a novelistas, poetas, artistas y científicos en láminas coleccionables

En Bajos de Mena, sector del sur de Santiago, el entusiasmo futbolero se transformó en una estrategia para promover el gusto y el hábito por la lectura. Impulsado por el encargado de la biblioteca, Harry Ríos, estudiantes coleccionan e intercambian imágenes de Gabriela Mistral, Albert Einstein, Friedrich Nietzsche, Frida Kahlo y otros referentes del mundo de la literatura, el arte, la ciencia y el pensamiento.

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  • Claudio Cortés Carvajal

  • Jueves 10 de septiembre de 2026 - 12:34

Al entrar a la biblioteca del Colegio Puente Maipo, ubicado en la comuna de Puente Alto, lo primero que llama la atención son las imágenes de reconocidos escritores y escritoras, chilenos y extranjeros, cubriendo sus ventanas. Con un tamaño de 55 por 86 centímetros, aparecen, de derecha a izquierda, Nicanor Parra, Miguel de Cervantes, Virginia Woolf, Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Fiódor Dostoyevski, Franz Kafka, Gabriela Mistral, León Tolstói, Jorge Luis Borges y Pablo Neruda.

Todas están insertas en un diseño que imita las láminas del mundial de fútbol disputado este año en Norteamérica. Con excepción de los autores latinoamericanos, los escritores aparecen vistiendo camisetas asociadas a sus países: Cervantes luce la de España; Woolf, la de Inglaterra; Wilde, la de Irlanda; Poe, la de Estados Unidos; mientras Dostoyevski y Tolstói visten la de Rusia.

Las imágenes forman parte de un trabajo sistemático de fomento lector desarrollado por el establecimiento. Harry Ríos, encargado de la biblioteca y profesor de Filosofía, explica que la iniciativa se suma a otras intervenciones que buscan despertar la curiosidad de los estudiantes. Sobre el mesón central, por ejemplo, una antigua balanza de las que se utilizaban para pesar pan o frutas sostiene varios libros. A su lado, un cartel invita: “Tómale el peso a los libros”. Es justamente en este contexto escolar donde nació el "Álbum Puentemaipo: el mundial de la literatura”.

Orígenes

La idea de transformar a escritores y escritoras en figuras de coleccionables nació como parte de un proyecto desarrollado junto a la Fundación Nocedal, sostenedora del establecimiento. Una de las primeras acciones, tras obtener los fondos, fue adquirir una carretilla verde y llenarla con cerca de sesenta libros, entre novelas, cuentos y biografías -mayormente relacionadas con el deporte rey-, para llevar la lectura fuera de la biblioteca.

Tenemos público asiduo a la biblioteca, pero también había un grupo importante de estudiantes que prefería pasar los recreos jugando fútbol. Por eso, el año pasado propuse lo que llamamos ‘Proyecto Manos a la obra’, basado en una idea muy sencilla: ‘Si los niños no van a la biblioteca, la biblioteca tiene que ir a los niños’”, comenta Ríos.

Instalados en la cancha, los estudiantes interesados se acercaban a la carretilla para revisar los libros. Si alguno les llamaba la atención, luego debían ir hasta la biblioteca para solicitarlo. “Ahí aprovechábamos de conversar con ellos y motivarlos a seguir leyendo”, recuerda Ríos.

La iniciativa tuvo una buena recepción y coincidió con el desarrollo del Mundial de fútbol en México, Estados Unidos y Canadá. Ante el interés que generaba el torneo entre los estudiantes, el equipo de la biblioteca y la dirección del colegio decidieron aprovechar el ambiente mundialero para dar un nuevo paso en su estrategia de fomentar la lectura.

Buscando ideas en internet, Ríos encontró una cuenta de Instagram que mostraba láminas inspiradas en escritores y escritoras. Decidieron imprimirlas y utilizarlas como incentivo para acercar a los estudiantes a los libros. “Si un estudiante venía a la biblioteca, recibía una lámina. Si devolvía un libro, otra. Si recomendaba una lectura o era un buen compañero, también podía conseguir una”, explica.

“Entramos en el juego de las láminas, pero con la idea de fomentar la mediación lectora, descubrir nuevos escritores y ampliar ese universo hacia artistas y científicos”, agrega.

La estrategia rápidamente despertó el entusiasmo de los estudiantes. “La respuesta fue impresionante”, remarca Ríos. El interés llegó a tal punto que algunos comenzaron a intercambiar las figuritas oficiales de la fiesta futbolera por los cromas creados en el colegio.

MAREA ROJA LITERARIA

Además del intercambio, los estudiantes encontraron otra manera de coleccionar las láminas. El juego consiste en colocar varias estampas en el suelo y golpearlas con la palma de la mano. Aquellas que se dan vuelta tras el golpe pasan a manos de quien logró voltearlas.

En una de las mesas de la biblioteca, Cristián, Gustavo, Demian, Maickoll y Dylan, estudiantes del octavo A del Puente Maipo, hacen una demostración. Las láminas se acumulan, después se decicen los turnos de juego por el cachipún, y después a jugar. Las manos de los cinco golpean una y otra vez la mesa y, después de varios intentos, Demian consigue quedarse con la mayor cantidad de estampas.

Fue precisamente el entusiasmo de estos estudiantes, principalmente, el que dio origen al siguiente paso. Ríos recuerda que comenzaron a insistir en que las láminas necesitaban un cuaderno de láminas donde coleccionarlas. La idea parecía difícil de concretar. Había que producir cerca de mil ejemplares -contando la matrícula total del colegio, cuerpo de profesores y administrativos-, mas los recursos disponibles no alcanzaban para financiar una impresión de esa magnitud. Pero una visita cambió el rumbo del proyecto.

Un día estábamos cortando láminas junto a algunos estudiantes cuando recibimos una visita de representantes de CGE. Los niños les mostraron lo que estábamos haciendo e inmediatamente les llamó la atención. Poco después, nuestro subdirector llegó a la biblioteca con la noticia que la eléctrica financiaría el proyecto”, relata.

Desde ese momento, todo avanzó rápidamente. Junto con los estudiantes comenzaron a imaginar cómo sería la publicación, de qué manera organizarían las láminas y a qué personajes incorporar. A los escritores y escritoras que ya formaban parte de la iniciativa sumaron nuevas figuras de la literatura, además de figuras de otras disciplinas. Para desarrollar el diseño, recibieron apoyo externo.

Una vez que los catálogo llegaron a manos de los estudiantes, cuenta Ríos, se desató “una verdadera marea roja literaria”. 

“Los estudiantes esperan las nuevas láminas, las intercambian y hemos organizado ‘cambiatones’ que han tenido una participación importante”, señala. El entusiasmo incluso traspasó las puertas de la biblioteca: profesores de distintas asignaturas comenzaron a utilizar algunos de los personajes y contenidos de la colección en sus clases.

Para Ríos, no obstante, el principal resultado no está en cuántas láminas circulan ni en cuántos álbumes se completan. “Más allá del juego y de lo lúdico, esto ha permitido reencantar a los estudiantes con las letras y con las humanidades. Ahí está, para mí, uno de los sentidos más importantes del proyecto”, sostiene.

La experiencia, complementa, le permite reivindicar el lugar de estas disciplinas en la formación de los estudiantes. “En tiempos en que constantemente se pregunta para qué sirven las humanidades, la respuesta puede ser muy sencilla:  para encontrarnos”, reflexiona.

Ríos define su trabajo precisamente desde esa perspectiva: más que entregar respuestas, se considera un mediador entre los estudiantes y el conocimiento. “Cuando uno abre esa ventanita, los niños responden. Este álbum ha sido un reflejo de esa necesidad de volver a compartir y de jugar sanamente en torno a la cultura”, afirma.

El contenido de las figuritas busca acompañar ese propósito. Entre sus características se encuentra la presencia de grandes clásicos de la literatura y una representación equilibrada entre escritores y escritoras. Fernando Pessoa, Jane Austen, Mary Shelley y Roberto Bolaño.

Pero la colección no se limita a la literatura. También incorpora científicos, artistas y pensadores como Karl Marx y Frida Kahlo, cuyas apariciones se han convertido en una oportunidad para abrir conversaciones que van más allá de pegar cromas en el cuadernillo.

Algunos estudiantes llegan con ideas previas y preguntan por ellos. Entonces podemos conversar, revisar interpretaciones que hacen después de leer y mostrar otras perspectivas”, explica Ríos. 

FORMANDO COMUNIDAD

Cuando Harry Ríos tenía la edad de sus estudiantes era fanático de Mampato. Recuerda que las aventuras de la revista despertaron su curiosidad y, sobre todo, su capacidad de asombro. Años después, ya como profesor, quiso transmitir esa misma apertura a explorar y conocer cuando organizó una feria dedicada a la publicación infantil y juvenil chilena, creada en 1968.

Ese recuerdo también ayuda a entender la filosofía detrás del álbum. Para Ríos, el primer acercamiento a un libro no debería estar determinado por una obligación. “La lectura es un placer y uno llega a las cosas por placer, por gusto. El Mundial de la literatura está regalando precisamente ese placer”, asegura.

Por lo mismo, la publicación no fue concebida para evaluar cuánto saben los estudiantes ni para preguntarles quiénes fueron Dante Alighieri, Alejandra Pizarnik, Ryszard Kapuściński u otros autores y autoras que aparecen entre sus páginas. 

Ellos reciben una lámina, sienten curiosidad, buscan información y empiezan a preguntarles a sus profesores. Pero no participan solamente los profesores de Lenguaje o Literatura, sino también docentes de ciencias, computación y otras áreas. Los estudiantes ven que todos podemos orientarlos y conversar sobre aquello que están descubriendo. Así se va formando una comunidad en torno a la lectura”, detalla.

Por eso, el profesor de Filosofía insiste en que leer no debería reducirse a una obligación escolar ni estar necesariamente asociado a una calificación. A su juicio, la literatura puede acompañar la formación de una persona independientemente del camino profesional que escoja.

“Independientemente de si uno va a ser científico, químico, matemático o técnico, la literatura muestra nuestra humanidad. Nos obliga a preguntarnos: ‘¿Este soy yo? ¿Por qué nunca había visto esto de mí?’. Eso es lo que me interesa de la literatura”, asegura.

El proyecto incluso ha traspasado las puertas del colegio y llegado hasta las familias. Ríos cuenta que algunos padres y madres se sientan junto a sus hijos a pegar las láminas y que, mientras completan las páginas, aparecen conversaciones e historias inesperadas.

Un estudiante me contó, por ejemplo, que su padre había trabajado arreglando la casa de Pablo Neruda. Probablemente ese niño ya nunca olvidará esa relación con el poeta”, relata. Para el profesor, son precisamente esos nexos los que permiten que los nombres impresos en una lámina dejen de ser figuras lejanas: “Vínculos como esos hacen que la literatura eche raíces en los jóvenes”.

¿QUÉ VIENE AHORA?

Como todo álbum, este también tendrá que cerrar su ciclo.  Al respecto, Ríos comenta que la experiencia no puede terminar simplemente cuando los estudiantes peguen la última lámina. De hecho, han sido los alumnos quienes ya comenzaron a imaginar lo que podría venir después. Entre las propuestas aparece, por ejemplo, crear una dedicada a la propia comunidad escolar.

Yo quería que esta experiencia desafiara a los niños, pero ahora son ellos quienes nos están desafiando a nosotros y nos preguntan: ‘¿Qué viene ahora?’”, cuenta.

La pregunta retrotrae a Ríos a aquella curiosidad que experimentaba en su infancia leyendo las aventuras de Mampato. Para él, uno de los grandes desafíos de la educación sigue siendo conservar y traspasar esa capacidad de sorprenderse. “Si somos capaces de transmitir esa llamita de asombro a los estudiantes, ellos se dan cuenta cuando un profesor tiene pasión. Tenemos que seguir maravillándonos y maravillándolos”, enfatiza. sorprenderse sinonimo

Y es precisamente en esa intensidad donde encuentra una explicación para el entusiasmo que ha despertado el proyecto: “Sin pasión esto no funciona. La publicación no ha funcionado solamente porque existe un librillo de estampas, sino porque los estudiantes descubrieron que detrás hay pasión y que sus profesores también sienten pasión por lo que hacen”, concluye. 

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